Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)
Por la tarde, debía encontrarme con el pequeño deportista y su papá Gustavo. Cuando se escuchan relatos de las hazañas de “Fran” no se toma en cuenta un detalle para nada menor: su corta edad. Observarlo caminar, saludar con timidez y jugar con dos gatos nos recuerdan que es un niño más, como tantos otros.
Sus ojos azules curiosos iban de aquí para allá durante la charla, mientras respondía algunas preguntas y otras miraba a Gustavo en busca de ayuda. Con el paso de los minutos, la confianza crecía y con ella, las afirmaciones. “Hay que agarrarse bien con las piernas, es una moto que no tiene rueditas ni nada. Además tiene saltos largos, curvas y canaletas hondas. Tengo una pista en casa”, comenzaba el relato Francesco ante la consulta de cómo era el deporte que practicaba.

Actualmente, vive en Puesto Viejo junto a su papá, mamá Noelia y su hermana menor. Gustavo es su guía, mecánico y ayudante. A la hora de definirlo en su vida cotidiana, resumió: “En casa es como cualquier chico, no se queda quieto nunca. Siempre tiene que estar haciendo algo. Después de haber entrenado todo el día, se pone a andar en bici, saca un juguete y está con eso cinco minutos, sigue con otra cosa. Continuamente así, todo el día”.
Herencia fierrera
“Lo interesé de chico, después estaba la opción que a él le gustara. Le compré el cuadriciclo chico a explosión con un equipo de protección siempre y empezó a andar a su ritmo. Llegó un momento en que no quería saber más nada pero quería la moto. Le compré una relativamente barata, de mala calidad para probar. La destrozó, empezó a saltar desde chico, a los tres años. Finalmente le regalé una de carrera, modelo viejo, no llegaba al piso así que se la tuve que adaptar”, relató.

En cuanto a las sensaciones que florecen cuando Francesco sigue sus pasos, el papá conmovido respondió: “Es una emoción que no tiene explicación, es algo que sale de adentro. Hay que vivirlo para saber que se siente. Aparte del asombro que tengo hacia él, lo que está haciendo hoy a nivel provincial y nacional a su edad no es muy común. Hay chicos de seis, siete años que todavía no saben andar en bicicleta”.
Próximos desafíos
El deportista tomó la palabra para narrar cómo se prepara ante cada nuevo objetivo: “entreno mucho pero jueves y viernes no entreno así descanso. Nico Carranza es mi entrenador, consejos me da…me dice que la acueste bien a la moto, que me agarre bien y que tenga firme los brazos”, sostuvo.

“Hay chicos que tienen mucha capacidad y los padres hacen de todo para poder llevarlos a las carreras. Este deporte ahora está teniendo un poco más de difusión, aunque no es como el fútbol”, reflexionó Gustavo.
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