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Un año escolar para el olvido

No deberíamos engañarnos. Nuestro sistema educativo no estaba preparado para la virtualidad porque hay desigual acceso a tecnología y conectividad.

Aquel que tenga un dispositivo  (teléfono móvil, tablet, netbook, notebook, o PC) para cada integrante de la familia y una buena conexión a internet que se declare afortunado porque la realidad indica que no son muchas las familias que cuentan con esos privilegios.
Y ésa es la razón para sincerar que en términos educativos el año fue un desastre. Fue imposible garantizar igualdad de accesos al material de estudio. En algunos casos porque los alumnos no pudieron conexión permanente ni un dispositivo para uso permanente en el hogar.
En otros casos, porque los docentes no contaban con la tecnología ni la capacitación suficiente como para trasladar la experiencia de enseñar al modo “virtual”. Docentes que trabajaron en sus casas muchos más que en las escuelas, pero cuyos esfuerzos están por verse.
En algunos y privilegiados casos, las escuelas ya tenían una experiencia previa y durante la cuarentena no hicieron otra cosa que ajustarla y dar clases casi en forma normal.
Pero muchas otras quedaron solamente a merced del uso del whatsapp que tuvo que salir del uso personal y social y adaptarse al uso en términos educativos. Ni lo mejor ni lo más recomendable: fue lo que hubo a mano.
La falta de evaluaciones y de supervisión en la realización de tareas generó en el alumnado una disminución en el interés por cumplir con lo asignado.
Y así como durante las grandes guerras a nadie se le hubiese ocurrido dar por aprobado un año que no se tuvo en términos académicos, lo más sensato es que este ciclo lectivo no solo abarque 2020 sino todo lo que sea necesario de 2021, no solamente los tres primeros meses como vienen señalando las autoridades ministeriales. Porque de esta pandemia también saldremos con mucha educación.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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