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Cuerpo dicente

Por: Juan M. García Escalada (Psicólogo Social, Sexólogo Social y docente).

El verdadero placer es estar bien informada/o… y dar buen uso de la información

Nuez se levantó en la mañana con “insipiencias” de calor primaveral y sintió los girones de incomodidades en su cuerpo.  “Claro, pensó: Usnavi dijo que, después de los 50 años, sino comienza a doler algo en tu cuerpo es porque ya no existís. Me falta llegar a esa edad. ¿Será la distancia tecno-social?
Vaya, vaya,… se consoló. Recuerda cuando en sus años más jóvenes, aunque lo seguía sien-do, el cuerpo era algo extraño que, aunque habitaba en él, no se sabía “visitar”. ¡Y pensar que es la casa donde habitarás toda tu vida!
Y ahora, se lo dijo así misma… en francés: “Autre temps, autre moeurs”.
Los tiempos y los modos experimentó que habían cambia-do y sobre todo en esta pandemia que nos ha llevado a una cuarentena. (Ojalá no sean los 40 años que necesita el planeta para recuperarse de nuestras acciones). Y también el tiempo-horario y su uso. ¿Cómo ocupar tantas horas cuando no lo vivíamos así, tan pendientes del afuera?
Tomó una fruta, en este caso una manzana verde, y comenzó a comerla (ya la había “desinfectado” cuando la trajo del mercado. Cosas del covid-19) de manera que disfrutó la cáscara y la pulpa al mismo tiempo. 
Las palabras salían lentamente de su boca y recordó un dicho machista: “Fatti maschi, parole femmine”. Claro, los varones, se dijo, siguen pensando que las mujeres hablamos demasiado y que ellos van a los hechos. Recordó a su preferido, Shakespeare: “El dolor que no habla murmura en el corazón y le manda que exhale sus gemidos” (Malcolm en Macbeth).
 “El tiempo (los años) demuestran que si hablaras (más) de lo que te sucede en la vida y con tus emociones, estarías un poquitín, un pelín mejor”, pensó. Era hora de su rutina de ejercicios. Ajustó la velocidad-peso en su bicicleta, y el paisaje (abrió el ventanal) apareció con una tenue brisa cálida que la hizo sentirse mejor.
Durante unos cuantos minutos realizó el ejercicio y se concentró en el afuera. De allí pasó a su colchoneta y el silencio del ambiente y su respiración, la acompañaron. Ejercicios suaves, con evoluciones ascendentes  y descendentes hacia afuera y dentro de sí misma, la llevo a un instante de placer, puesto que pudo sentir a esa casa que habita y que en muchas ocasiones se desinteresaba por ella. ¡Mi cuerpo se dijo!
“Se preguntó, ¿cuántas formas hay para hacer el amor? No había recibido educación sexual como hoy la reciben les jóvenes. Puritanismo. Prejuicios: donde siempre se mezcla, religión, política y etcéteras”, se respondió. Y recordó la saga del pueblo-cultura de los Hititas, aún más antiguos que los egipcios, en “Appu de Shudul”: que contiene la idea de que el “Coito” no es un instinto humano innato, sino hay que educarlo. ¡¿Cuánto tiempo de aquello!? * (Co-ito del hebreo “Ir Juntos”).
­­­Sus lecturas, que la habían acompañado desde jovencita, surgían en pensamientos en esos instantes. Volvió al encuentro de los cuerpos cuando surgió aquello de Isacc Bashevis Singer: “Cuando un hombre y una mujer se besan, es el comienzo de un asunto espiritual, no sólo físico. La cama no es más que una continuación horizontal de la conversación”. Dialogar en palabra, en cuerpo, en espíritu, entonces sentir: una comunicación verdadera.
El presente social transformó todo en mercadería. La intimidad de los cuerpos  debe seguir pautas de comportamiento. Transformándolo todo en Extimidad. Si a esas reglas “marcatorias” no se las sigue no hay deseos, ni goces reales, y se inician violencias y comparaciones que terminan violentando las conductas. Nuez comprendió  la “amistad” en el amor, porque lleva a entender la importancia de la faz dialógica, amplia y honesta sobre todo lo que abarca  la sexo-genitalidad en  su amplitud humana. (Que sea una buena venturanza para las nuevas generaciones).
Esta cuarentena le había permitido conocerse más, amigarse más con su cuerpo y encontrar en cada milímetro de su piel (toda), sensaciones que nunca se imaginó.
Nuez pensó que cuando se encontrara con su pareja, era momento de ser más adultos y sentarse a conversar. Puesto que siempre hay tiempo, cuando uno quiere comenzar algo nuevo.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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