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Personal de salud viene padeciendo el prolongado parate del transporte interurbano


Afrontan enormes gastos de su bolsillo para poder trasladarse hasta sus lugares de trabajos y ponen en riesgo hasta su propia integridad. Otros tiene que hacerlo vía virtual en contextos donde lo mejor es estar cara a cara con el paciente.

Desde el día uno del aislamiento social preventivo y obligatorio fueron consideradas personal de servicios esenciales y, por lo tanto, exceptuadas de cualquier tipo de confinamiento.
Lo que no sospechaban era que el prolongado paro del transporte interurbano les iba a modificar tan sustancialmente su vida y afectarles desde lo económico.
Karina Forzinetti y Laura Páez son médicas; y Silvia Mira, trabajadora social. Cada una de ellas vive una situación diferente, pero igual de complicada.
Karina vive en Jesús María, pero trabaja en el Hospital Dr José J. Puente de San Francisco del Chañar y perdió, recientemente, sus guardias en el Hospital Municipal de Quilino porque no podía llegar por el paro de transporte interurbano .
“Nunca viajé en auto. Tomaba el Fonobus o Ersa la noche anterior porque no tenía horarios para registrar mi entrada a las 8. Entonces, viajaba la noche anterior y dormía en los hospitales”, explica la médica.
Pero desde que se viene desarrollando la medida de fuerza de los choferes del interurbano, Karina cuenta con el inestimable sacrificio que hace su padre que la lleva y trae cada vez que le toca hacer las guardias. De su casa al Hospital hay poco más de 140 kilómetros.
Laura, en cambio, hace guardias de Neonatología en la ciudad de Córdoba a la que tiene que viajar desde La Granja.
“Si bien a lo mejor tardaba más tiempo, tenía la ventaja de ir leyendo, estudiando, durmiendo. Y sobre todo al salir de las guardias, donde a veces ni dormimos, pasamos mucho estrés, era más seguro subirme al colectivo y desentenderme del manejo”, comenta.
“Ahora -añade la profesional- manejo ida y vuelta, hay días que salgo de la guardia dormida y aún me falta volver a casa. Hace una semana me pasó que tengo borrado cómo llegué a casa. Ni hablemos del gasto, el dejar el auto a la intemperie. Para mí el riesgo mayor es el de seguridad. Es angustiante”.
Finalmente, Silvia cuenta que es personal único desde hace casi 20 años en el equipo de transplantes renales de la Clínica Vélez Sarsfield en la ciudad de Córdoba. Hoy, tiene que prestar sus servicios de modo on line y a distancia.
“Espero que todo transcurra con una modalidad un poco más coherente. Los costos de mantener los servicios como teléfono e internet inciden muchísimo no sólo en el estado de ánimo sino en la capacidad de dar una respuesta profesional coherente. El paciente que tiene una enfermedad crónica invalidante necesita contención y relación cara a cara y eso no se está teniendo en cuenta en esta situación. Estamos hablando de vidas”, cuenta Silvia.
Tres ejemplos sobre cómo afecta la medida de fuerza.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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