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Cuarenteneando

Por: Juan M. García Escalada (Psicólogo Social y docente).

Viajar (la vida) no es cambiar de paisaje, sino cambiar de mirada
Marcel Proust
El sábado 14 de marzo pasado… comencé la cuarentena. El gobierno lo anunció para ese lunes 16. Han pasado, en mi caso, 120 días.
Como de historia se enseña mal y sin contextos y con intenciones, no sabíamos de otras epidemias, sino de modo extraño y lejano. Cada generación, siempre, se pregunta por qué a nosotros, (creo que el planeta quiere sacudir un poco de lastre que vamos dejando los humanos, sería una idea vulgar sin duda, ¿no?).
Las pandemias surgen (“para bien o mal”, depende de las miradas) como un proceso inevitable en la existencia humana y que nos demuestra qué tan importante, como nosotros, es este virus, y  nos debería hacer comprender que no somos la ególatra, superior y maravillosa humanidad que nos creemos.
 La más cercana era la llamada “gripe española” que había dejado muchísimos muertos. Claro que hay otras “pandemias”: las grandes guerras mundiales y las “mini-guerras mundiales” que van diezmando lentamente al planeta, pero como nunca se quiere reconocer; nos asentamos en ésta que nos está sucediendo. 
¿Y qué hay de una pandemia?
En este caso contrariando a un personaje de Bioy Casares en su libro Diario de la guerra del cerdo (libro interesante de hace 50 años y que adelanta temas de actualidad) se diría: “el miedo supera a la curiosidad…”
Pero en este caso yuxtaponiendo miedo-curiosidad-incertidumbre dan lugar a preguntarse, qué haré de mí en este tiempo, (sin distinción de adentros ni afueras), y  el cambio violento de ritmos cotidianos don-de todo se aquieta, sale a relucir el temor del uso nuevo del tiempo, el de estar sólo/a/e, para preguntarnos por nuestro interior y como decía el Brhadaranvaka Upanishad: “Miró alrededor de sí y no vio otra cosa que a sí mismo y dijo: Yo soy y se llenó de miedo”.
Así, ese temor hace surgir que se confunda  epidemia  con cuarentena. Y las  conductas humanas aparecen en la superficie de actos contradictorios y auto-agresivos que terminan dañándose a sí mismo, como en el caso de personas que niegan la epidemia y terminan muriendo de la Covid-19. ¿Cuál su subjetividad?  ¿Qué subyacía en ese inconsciente?
¿Qué busca el presidente de Brasil con sus actitudes? ¿Una forma de martirio religioso?  ¿que al enfermarse busque un final de mártir valiente?
El mundo no se puede pensar como antes. No hay bipolaridad en este caso entre Vida y Economía. No hay vida, no hay producción. No hay producción, no hay consumo. Partes y todo son insoslayables.
La vida de las poblaciones se está complicando. El ritmo se ha “detenido”. Muero por coronavirus o muero de hambre. Como Hamlet y la calavera en su mano. Es tiempo de solidaridad y servicio, ¿Difícil, no? 
Si pensamos en continuar con este modelo de producción y exclusión, la violencia se instalará. Porque al no encontrar respuestas inmediatas el ser humano se violenta. Debemos ser muy responsables en nuestras opiniones a partir de animarnos a mirar nuestra interioridad, porque los monstruos no existen, lo crean los seres humanos.
Hay economistas que plantean un modelo DONUT. Un círculo que muestra límites de expansión en la realidad creativa y productiva, pero teniendo en cuenta lo básico para los ciudadanos: agua, alimento, salud, educación, energía e  igualdad de oportunidades y representación política, y otro círculo referente a los límites del planeta exterior en el universo.
La libertad individual es reflejo de la convivencia  colectiva respetuosa, en función de los demás. Así se construyen  sociedades democráticas. Pero ello no se logra con opiniones banales en debates políticos-economicistas.
Se aprende, “viajando” interiormente y saber cómo resuenan las experiencias de vida (y en este caso la pandemia), antes de salir a opinar.

Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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