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Periodismo en pandemia

La profesión ya venía castigada y la crisis sanitaria sólo empeoró el panorama. Reconvertirse es el primer paso, pero no garantiza la supervivencia.

El sueño de todo periodista es poder ejercer con la mayor independencia posible su profesión, sin tener condicionamientos que le impidan decir lo que se debe decir sin importar consecuencias.
El sueño de todo periodista es ser honesto intelectualmente,  con algo de incorrección política, incomodar a quienes tienen poder señalándole las cosas que están mal hechas.
Y aun cumpliendo esos sueños, no hay ninguna garantía de que ese servicio periodístico termine resultando útil a la comunidad.
Porque cambiaron las audiencias, porque cambió la noción de verdad, porque cambió la modalidad de acceso a la información y porque internet se convirtió en un implacable control remoto donde es imposible mantener cautiva a ninguna audiencia (que te hace zapping de modo caprichoso y vertiginoso).
Cambió también la forma en acceder a un salario y la autogestión pasó a ser un modo común y extendido en todos los rubros del periodismo dando lugar al “páguese a sí mismo”.
Lo sabemos los que estuvimos de ambos lados del mostrador cuando terminamos consintiendo un modelo que criticábamos cuando estábamos del otro lado.
Desde hace tiempo, un puñado de colegas ganan bien y el resto tiene que tener mínimo dos trabajos para poder sostenerse y encarar cualquier proyecto de vida que incluya a más de uno.
La pandemia no sólo cerró negocios. También hizo suspender publicidades que son el insumo básico de la remuneración periodística. Y pone en riesgo más fuentes de trabajo en el futuro mediato.
Quienes saber de números proponen “reconvertirse”. Suena hermoso, pero no es ninguna garantía de supervivencia.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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