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Manuel Belgrano y su paso por el Camino Real cordobés


✔ El prócer de la Independencia hizo escala en Sinsacate, camino al Congreso de Tucumán de 1816.
✔ También estuvo en Pilar y en la Estancia Jesuítica de Caroya.
✔ Se conmemoran 200 años de su muerte.

Vocal de la Primera Junta en 1810, creador de la bandera nacional, promotor de la educación para hombres y mujeres e impulsor del comercio, la agricultura y la ganadería, Manuel Belgrano fue un protagonista central de la Revolución de Mayo y de la Independencia nacional.
Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1870. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano -tal su nombre completo- fue abogado, economista, periodista y militar. Como jefe del Ejército del Norte, planificó el Éxodo Jujeño ante la avanzada de las tropas españolas.
El paso por Córdoba
En los fragorosos años de la lucha por la independencia y, luego, de la organización de la Nación, Belgrano llegó a Córdoba en varias oportunidades. El antiguo Camino Real que unía el Virreinato del Río de la Plata con el Alto Perú -actual Bolivia- fue testigo de su paso al frente de las milicias patrióticas. Entre 1810 y hasta poco antes de morir, el prócer atravesó esta vía de comunicación en reiteradas oportunidades.
María Fernanda Vassallo, licenciada en Historia, apunta que Belgrano estuvo en las postas en San Pedro, Caroya, Paso de las Tropas y Sinsacate, todas ubicadas a lo largo del Camino Real. En estos sitios, el General se hospedó, recambió caballos y se proveyó de alimentos.
En el mes de julio de 1816, camino al Congreso de Tucumán para sellar la Independencia nacional, Belgrano pasó la noche en una de las habitaciones de la posta de Sinsacate. Carlos Ferreyra, director del Museo Nacional que funciona en ese sitio, explica que en verano se acostumbraba a descansar al aire libre, en los catres o camastros alrededor de la casona, pero en época invernal las habitaciones brindaron calidez y resguardo a los viajeros.

Por Colonia Caroya, tres meses antes de morir

Ya de regreso, en marzo de 1820 el prócer se hospedó en la Estancia Jesuítica Caroya, donde cuatro años atrás había funcionado la primera fábrica de armas blancas. Allí se confeccionaron los sables, bayonetas y espadas para los ejércitos libertadores comandados por el propio Belgrano y luego por José de San Martín.
El desarrollo del sistema de riego en la estancia, que habían dejado los jesuitas antes de la expulsión en 1767, llevó a que los gobiernos patrios la tuvieran como un lugar importante para instalar la fábrica que proveyó de armamento a los soldados. 
En una de las habitaciones de la estancia, Belgrano escribió una de sus últimas cartas. Fechado el 19 de marzo de 1820, el texto agradeció a un vecino cordobés, Carlos del Signo, quien le donó 400 pesos para poder seguir viaje a Buenos Aires, donde iba a morir tres meses después. La réplica de la carta se  encuentra exhibida en una de las salas.
«Estamos orgullosos, porque esta casa recibió al General Manuel Belgrano, quien en la capilla doméstica, realizó quizás, su última oración por los destinos de la Patria», dice el director de la Estancia Jesuítica Caroya, Claudio Videla.

Así nació nuestra bandera

El Primer Gobierno Patrio encomendó a Belgrano la misión de conseguir adhesiones en todo el territorio del Virreinato del Río de la Plata. Se hizo cargo del ejército y fue una de las figuras principales en el período independentista. El compromiso con la causa de libertad lo impulsó a reclutar hombres para formar parte de las tropas. 
Ya contaba con autorización del Primer Triunvirato para que sus hombres usaran la escarapela como signo que los distinguiera en la lucha. Con tal antecedente, el General mandó a confeccionar una bandera, azul celeste y blanca, que enarboló e hizo jurar en 1812.
Claudio Minoldo

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