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¿Y ahora?...

Por: Juan M García Escalada (Docente y Psicólogo Social)

El Sueño que zurce la deshilachada manga de la zozobra” 
W. Shakespeare.

La veleta de los pensamientos. Desde la derecha, desde la izquierda, desde el centro, desde arriba, desde abajo, está presente lo que Sigmund Freud dijo de Eros y Tánatos.
Tanto Tánatos y Eros están presentes, subjetivamente  velados, en las opiniones que se emiten, ocultando los síntomas del temor al sentido de este sorpresivo vacío que quita sentidos. Quizás no hemos podido entender hasta el presente lo de aquel extraterrestre que supo decir: “Morir es fácil, lo difícil es la comedia terrícola”.
Esa comedia que es la vida,  dulce, agria, dramática,  bella, irónica, creativa, destructiva y cuya madre naturaleza, como materna, nos cobija. Pero como madre, siempre estará un paso delante de nosotros para tocar un pequeño botón para anunciarnos que sin ella no somos absolutamente Nada. Ella antes que nosotros. Podrás quererla, odiarla, ignorarla, despectivamente transitarla, pero debes respetarla porque ella te dio la vida. Y si tienes un poco de dignidad deberías devolver (tu vida) con más y mejor vida.
Y Él, (macho en su sentido perverso, patriarcal y “superior”) que se puso por encima de dios y dioses (de cualquier modo que se los conciba) chocó con lo inesperado y no entendió lo de la Teoría de la Cuerdas, que en física habla de los nexos entre la física Cuántica y la teoría de la Relatividad que nos dice como Hamlet a Horacio: “Hay mucho más en el cielo y la tierra de lo que tú te imaginas Horacio”. Es decir, el gran misterio de la Vida humana que no se puede resumir en simples boletas de economía y transacciones; y banales poderes reemplazantes de miedos. Todo poder es miedo oculto.
Y en ese ir y venir de opiniones, todas válidas por supuesto, encontramos las suspicacias más extravagantes, que van del cambio total de nuestra existencia a la permanencia de este modo perverso de creer vivir.
En esta vida que llevábamos de consumo, con velocidad y vértigo; pensábamos que éramos inmortales y que nada nos alcanzaría. Y de pronto se instaló el silencio, la quietud en la mente y el cuerpo.
Todo se detuvo. Al decir de Amelie  Nothomb: “El tiempo es una invención del movimiento. Aquel que no se mueve no ve pasar el tiempo”. Es decir, ¿la quietud de espacio y cuerpo nos planteará la importancia de vivir de otro modo y enfrentarnos a nuestra propia finitud y volver a entender lo que el movimiento significa como sentido evolutivo y no destructivo?
Si bien los seres humanos llevamos en nosotros una cierta carga de estupidez en nuestra vida, tendremos que comprender que esta lógica de producción y consumo que produce tanta exclusión en un mundo totalmente superpoblado nos conducirá al final de nuestra especie. ¿Seremos tan estúpidos de querer que nos reemplacen las detestables cucarachas que hacen millones de años han sobrevivido?
Si es así, no hemos aprendido. Una especie que se auto-tituló  la más inteligente, se hizo daño a sí misma. ¿No sería algo estúpido?
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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