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Volviendo a las argentineadas

Díscolos, transgresores, poco afectos a cumplir con reglas. El aislamiento no se terminó, pero ya hay gente que decide incumplirlo y anda como si nada.

Aunque las salidas recreativas se autorizaron para este fin de semana y fueron anunciadas el jueves, el viernes ya hubo algunos que decidieron que se podía ese día y salieron a dar paseos como si nada.
Y el sábado ya había niños jugando en plazas mucho antes del horario en que había sido autorizado. Durante la semana, ya hubo mucha gente dando vueltas por el centro sin más justificación que el estar fuera de casa.
Y todas esas conductas nos remontan a la etiqueta que portamos los argentinos como transgresores por naturaleza, poco afectos a cumplir las reglas, rebeldes frente a la obligación escrita, a los argentinos de las interpretaciones caprichosas de las reglas y que terminan permitiendo lo que, en realidad, está prohibido.
Por una parte, se entiende que haya bajado un poco el temor al contagio por coronavirus, tras 43 días sin registrar casos en nuestra zona, pero al mismo tiempo se abre la incógnita respecto de si ya habremos llegado a estar totalmente libres del virus o si sólo está tomando impulso para darnos un invierno con muchos sustos.
Es que en el mundo no hay vacuna todavía que nos prevenga del COVID-19 ni tampoco un tratamiento 100% efectivo para el que resulte infectado.
Y más allá de que en las grandes urbes el coronavirus no haya dado muestras de haber retrocedido, el hecho de que no haya casos en comunidades pequeñas producen una situación de relajamiento y a que comiencen las transgresiones anteriormente descritas.
Ojalá que no sea necesario que esté presente el estado represor para poder cumplir con el escaso tramo que pareciera faltarle a esta cuarentena. Para que no tengamos que lamentar un brote futuro y un retroceso en todo lo que logramos.

Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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