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La era de la boludez

La pandemia nos convirtió un poco en “gendarmes” del vecindario y de nuestra comunidad. Y nos puso a vigilar a un otro que no cumple la ley igual.

A esta altura del aislamiento, el que no se sintió un poco “boludo” en algún momento es porque tiene emociones de hielo o nada le afecta en este mundo.
Estamos aislados porque hay una norma que dictó la Presidencia de la Nación que nos impuso quedarnos en nuestros hogares para evitar que colapse el sistema sanitario argentino si se esparcía el coronavirus, cosa que vimos que ocurrió en muchos lugares del mundo.
Pero se fueron pasando los días y la tranquilidad llegó en nuestra zona al saber que sólo hubo, hasta hora, tres casos y que dos de esos casos no debieron computarse como propios. Dicho de otro modo: parece que por nuestros pagos logramos que no circule el virus. En un par de días se habrán contabilizado 60 días sin casos positivos de COVID-19.
Pero hay actividades que continúan restringidas y las reuniones familiares o con amigos siguen prohibidas.
Y vuelvo a lo de sentirse un “boludo”. Sin importar clase social, ya hubo infinidad de juntadas con amigos y familiares en toda nuestra región. El que pudo hacerlo lo cuenta con desparpajo. Uno llegó a contar que en el mismo día tuvo dos asados y que volvió de uno de ellos a las cinco de la mañana.
Gente que, aprovechando que cuenta con algunas hectáreas de campo, hizo actividades deportivas mucho antes de que fuesen permitidas. Gente que eludió controles e hizo, por ejemplo, ciclismo y tras la actividad publicó fotos en redes sociales.
Gente que sale en grupo cuando lo autorizado es deporte individual, gente que no respeta distancias, que sale sin barbijo, que estrecha las manos o abraza. En fin, que pone en riesgo todo lo bueno que se hizo hasta ahora mientras unos “boludos” siguen cumpliendo.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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