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¿El homo sapiens reflexionará?

Por: Roberto Natalio Zaya (Exconcejal y ex funcionario de Jesús María)

El homo sapiens (hombre sabio), los seres humanos, somos una especie a la que se define por sus capacidades mentales -inventar, aprender, lingüísticas propias, lógica, matemáticas, escritura, música, ciencia y tecnología- y también porque somos animales sociales capaces de concebir, transmitir y aprender. Al mismo tiempo, puede reflexionar y eso le permite aconsejar a otras personas o inducirlas a actuar de manera razonable. 
Creo, humildemente, que es el momento de utilizar nuestro potencial humano para poner a prueba nuestra sabiduría y comenzar con acciones que nos conduzcan a un raciocinio masivo y generalizado. Hasta aquí, suena interesante y atractivo. 
No obstante, lo más difícil es incorporar una nueva forma de visualizar la vida desde lo personal y, a partir de allí, hacia todos los “socios” con los cuales compartimos este templo llamado tierra. Me permito llamarlo templo porque es el sitio sagrado donde nacemos, crecemos, procreamos, oramos, amamos, discutimos, creamos, reímos, lloramos, nos emocionamos, cantamos, escribimos, pintamos, cultivamos, compartimos el mismo cielo, y donde dejaremos nuestro estado material, antes de pasar a otra dimensión (probablemente). 
Todas las comparaciones son odiosas, pero también necesarias mientras buscamos un cambio en serio. Se parece al tratamiento para rescatar a una persona de alguna adicción como el alcoholismo, la drogadicción, el tabaquismo, la obesidad, o la violencia, entre otras. Todo comienza con una barrera elevada -muchas veces infranqueable- de autoreconocimiento, para salir de la negación a su realidad.  
En este momento muy especial, es cuando todos sentimos por igual cuán vulnerables somos ante la muerte. No existen refugios permanentes que nos diferencien, independientemente del estrato social en el que nos encontremos. Hoy, la pirámide que ubicaba a unos pocos en la parte ha sido igualada momentáneamente, aunque algunos por soberbia no lo quieran ver así. En un documental sobre animales, mostraba imágenes de una tribu africana cuya alimentación incluía a los monos. Sorprendía el método que utilizan para atraparlos. Un cazador trepaba a lo alto de un árbol, realizaba una cavidad en su tronco, colocaba un fruto muy apetecido por los simios, y se retiraba. El animal olfateaba, se dirigía al hueco del árbol, introducía la mano y lo tomaba, pero como al hacerlo se modificaba el volumen de su mano ya no podía retirarla. 
El simio insistía y buscaba salir de esa situación, pero sin soltar el fruto y eso le permitía al cazador de la tribu acceder al lugar, matar al mono, y retirarse con el trofeo. 
Eso me trajo a colación cómo es el comportamiento del humano. Un homo sapiens, a diferencia del mono, se habría desprendido del fruto ante la amenaza de morir. También partiría velozmente del lugar y salvaguardaría su vida buscando alimentarse de otra manera más segura. Pero, a la luz de lo que vemos en nuestra realidad actual, pareciera que no es así y los ejemplos sobran.
Hace muchos años, el homo sapiens fue seducido y manipulado para aferrarse a valores que resultan espejitos de colores. El estado de bienestar, un estar bien que resulta razonable, lo llevó a desarrollar un ego que lo condujo a una competencia feroz, fatal e irracional para transformar “estar bien” en “estar mejor que el otro”, sin límites. Incluso, destruyendo a los de su misma especie bajo la aberrante consigna “el fin justifica los medios” y creando un nuevo orden de socios victimarios y socios víctimas. 
Por eso, para no repetir el destino del mono se requiere urgente el uso del raciocinio que nos haga ver la amenaza que viene acechando a toda la humanidad y que deseche aquellos valores materiales. Para volver a ser comunidad, salva- guardar y disfrutar las relaciones humanas, aunque parezca utópico ante una adicción que marca el ritmo de nuestro cerebro.
Soy optimista y tengo fe en que lentamente nos alejaremos de la negación a nuestra disociación y volveremos a ser humanos en estado de conciencia.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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