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El aislamiento hizo más evidente la falta de servicios en el Norte

✔ En lo que va del aislamiento, casi todo el norte y noroeste cordobés no tuvo casos de COVID-19, salvo algún susto aislado por pacientes que viajaron a Córdoba y se atendieron en hospitales en emergencia.
✔ Pero tiene necesidades históricas que esta pandemia no ha hecho más que visibilizar.

Contrariamente a lo que podría suponerse, la mayoría de los habitantes de los pueblos cordobeses más pequeños viene cumpliendo con el aislamiento social obligatorio al pie de la letra. El temor al contagio también los inunda, aunque estén lejos de las grandes ciudades donde el coronavirus avanza sin dar tregua.
El norte cordobés, por ahora, no tiene ningún caso confirmado de Covid-19. Departamentos como Totoral, Tulumba, Ischilín, Río Seco y Sobremonte están, además, en zona blanca de modo que ya comenzaron a retornar a cierta normalidad desde hace un par de semanas.
Contaron durante todo este tiempo con la cercanía de sus autoridades comunales, engranaje indispensable para afrontar el aislamiento previo. Lo que no cambia -con o sin cuarentena- ni se altera -con o sin declaración de zona roja o blanca- es que en muchos de ellos la falta de servicios esenciales es histórica y sus vecinos deben trasladarse hasta otras localidades para acceder a un banco o a una farmacia, por ejemplo.
Una situación reiterada y reciente se dio, por ejemplo, con quienes accedieron al ingreso federal de emergencia (IFE), de 10 mil pesos, o a la canasta alimentaria provincial, sin tener dónde gastarlos dentro de su pueblo.
La sabe Favián Luna, jefe comunal de Candelaria Sud, que cuenta en la localidad con dos comercios informales, pero sin posnet, lo que les obliga viajar para aprovisionarse en Jesús María. “Tengo que permitirle a la gente que lo haga. Nuestra internet tampoco es estable. Es fácil pedir que bancaricemos todo, pero no es sencillo si no tenemos la infraestructura para hacerlo”, cuenta.
Su colega de Cañada de Luque, Víctor Molina, añade que tienen dificultades con el transporte y con el personal policial, poco frecuente y bastante escaso, respectivamente. “El Banco de Córdoba podría enviar los cajeros móviles que utiliza en verano en las Sierras un par de veces al mes, juntando tres o cuatro localidades pequeñas, para que la gente no tenga que viajar”, sugiere.

El gran intermediario

Sobre la ruta 60, en la comuna de Los Pozos, el jefe comunal Claudio Tripiana cuenta que lo más complicado es el aprovisionamiento de alimentos y de remedios. “Paso casa por casa y voy viendo qué necesitan los vecinos mientras hago una lista para ir a comprar a Deán Funes porque estamos aislados y casi no hay tránsito hacia el pueblo”, detalla.
La mayoría coincide en que en esas poblaciones se está mejor que en las grandes urbes. Sin edificios, la mayoría tiene patio y vereda para dar mejor pelea a la cuarentena. “Tratamos de que el vecino use la razón y entienda que tiene que quedarse en casa en lugar de hacérselo entender por la fuerza”, concluye Molina.
En general, en los pueblos más pequeños no parece haber enojo con sus autoridades comunales, a pesar de las restricciones. Son quienes están afrontando la intermediación ante las necesidades por la emergencia.
“No tengo gente enojada con estas medidas. Saben que todos los insumos los vienen bancando la Municipalidad y hasta pagamos los adicionales de policía para hacer cumplir el aislamiento”, asegura el intendente Sebastián Peralta, quien no dudó en denunciar a una sobrina porque estaba con visitas y también a 12 efectivos de la Policía Judicial porque hacían un procedimiento sin mantener distanciamiento ni llevar cubrebocas.
En Pozo Nuevo, la localidad más extrema del norte provincial, la jefa comunal Gladys Espíndola expone: “Nos encargamos de repartir a domicilio los módulos del Paicor y los bolsones de Pami. Recorremos la zona para saber las necesidades de la gente. Vía WhatsApp nos pasamos datos, fotos, recetas, para que ninguno se quede sin auxilio. La comuna hace de medio de transporte: llevamos de a tres o de a cuatro con su cubreboca y manteniendo el distanciamiento en la traffic hasta el pueblo más cercano por servicios”.
En Capilla de Sitón, el jefe comunal Mario Centurión cuenta que productores de la zona donaron animales que faenaron y distribuyeron entre los vecinos más vulnerables. Él mismo donó 15 mil pesos de su sueldo (que es de 50 mil) para comprar alimentos. “Yo sé lo que es estar ahí, en la pobreza. Hay gente en el pueblo que no tiene para comer. Por eso, los fines de semana llevamos raciones de fideos, de albóndigas y de arroz a 52 abuelos que la están pasando mal”, resume.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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