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A 75 años de la gran victoria


Por: Carlos Ferreyra Bertone (Historiador, museólogo, gestor cultural. Actual director del Museo Jesuítico Nacional de Jesús María y del Museo Nacional de la Posta de Sinsacate, dependientes del Ministerio de Cultura del Gobierno Nacional)

Hace 75 años concluía una de las páginas más negras, tristes y terribles de la historia humana: el final de la Segunda Guerra Mundial (IIGM) en occidente; el Imperio del Mal, representado por esa máquina bélica industrializadora de la muerte, la Alemana Nazi, caía bajo la fuerza, el genio y la revancha del Ejército Rojo, comandado por los hábiles mariscales Zhukov, Koniev, Rokossovsky y Malinovsky y el general Yeremenko.
Todos sabemos los resultados finales de esta guerra: Alemania destruida y dividida nunca pagó el daño que hizo a la especie humana, Japón ocupado, Inglaterra y Francia tratando de sobrevivir y Estados Unidos y la Unión Soviética como los grandes vencedores.
Pero poco sabemos sobre cuál fue el país que más sufrió y que más aportó para esta gran victoria.
Fue justamente la URSS el país que soportó sobre sus espaldas el mayor esfuerzo bélico (humano e industrial) para derrotar a Hitler y sus criminales secuaces. Fue justamente la Unión Soviética el país que resistió cuatro años a las tropas nazis en su territorio invadido, fueron los pueblos soviéticos los aportaron los contingentes de soldados, marinos y aviadores que engrosaron las tropas del Ejército Rojo, fue el país que sufrió mayor cantidad de bajas ¡26 millones de muertos entre soldados y civiles! Fue el país que invadido en 1/3 de su territorio sacrificó su economía y hasta su futuro para producir las armas, los vehículos y los pertrechos necesarios para combatir al invasor.
Algunos historiadores calculan que la destrucción perpetrada por los nazis en territorio soviético durante los cuatro años de ocupación ascendió a la friolera cifra de 600 billones de libras esterlinas. ¿Imagina usted querido lector esa cifra? ¿Sabe cuántos ceros tiene? Y ese es sólo el costo de la destrucción, no está contado allí el redireccionamiento económico e industrial para encarar una guerra seria ni el costo de la reconstrucción.
Algunos ejemplos de la tragedia: 6000 ciudades, villas y aldeas destruidas, 40.000 kilómetros de vías y 30 represas hidroeléctricas.
Otro ejemplo, esta vez cultural: Leningrado, la antigua capital zarista, fue cercada por el Ejército Alemán, matando a casi un millón de personas de hambre; la Wehrmatch llegó a tomar el Palacio de Verano, una de las ostentosas residencias de los emperadores rusos. Dicho palacio, ubicado a 40km de la ciudad ya había sido transformado en museo por el gobierno soviético (haciendo honor a la frase de Lenin: “lo viejo al servicio de lo nuevo”). El palacio fue saqueado y destruido por los soldados alemanes, se llevaron todo el oro, el ámbar y los elementos decorativos que no habían podido salvar los trabajadores del museo. Los alemanes con total sarcasmo posaban para las fotos al frente de dicho palacio-museo destruido e incendiado. Por órdenes de Stalin, el Palacio de Verano comenzó a ser restaurado en 1947, y más de 70 años después... ¡sigue en reparaciones!
Da mucha pena cuando algunas personas dicen que Hitler perdió la guerra en Unión Soviética debido al frío ruso: olvidan quienes dicen eso que el invierno NO dura todo el año en Rusia, que Alemania no es un país tropical que no tenga experiencia con el frío y que es una falta de respeto para las víctimas y los héroes, para todo un pueblo, hacer semejante comentario.
En el año 2005, la ONU por Resolución 59/26 declaró a los días 8 y 9 de mayo como “Días del Recuerdo y la Reconciliación en Honor de quienes perdieron la Vida en la Segunda Guerra Mundial”, por lo que desde ese año es una fecha conmemorativa mundial.
Por las razones conocidas, la actual pandemia impide que podamos disfrutar de los festejos de la victoria que se deberían llevar a cabo en diversos países, especialmente en Rusia, cuyo desfile del 9 de mayo busca rescatar el orgullo de un país que se levantó tras una guerra de destrucción y aniquilamiento.
Aportamos pues estas palabras para no dejar pasar los 75 años de la gran victoria y para que el combate contra la Covid-19 no sea motivo de animosidad entre los pueblos, sino que esta conmemoración nos ayude a repensar un mundo con más cooperación que competencia, con más humanidad que mercantilismo y con más amor que odio y revanchismo. Al fin y al cabo, después de todo, lo único que queda es el amor.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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