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La subjetividad en los tiempos de pandemia

Por: Georgina del Zoppo (Licenciada en Psicología)

La propuesta, aquí, sería un poco pensar esta cuestión de la pandemia, no tanto desde las cifras de contagios o muertes, o medidas de precaución y cuidado para evitar la enfermedad, o capacidad del sistema sanitario, repercusión económica y demás; sino, ir un poco más allá de eso, pensando en el impacto subjetivo de la pandemia, como nos afecta, sacude y conmueve en el interior de nuestro ser y en nuestro ser con los demás.
El asunto de la pandemia se nos presenta como lo que algunos filósofos llaman del orden del “acontecimiento”, como aquello que implica una ruptura con la situación o en el estado de las cosas. La continuidad del ser-en-el-mundo de pronto se quiebra, el mundo ha dejado de ser el lugar que conocíamos, el escenario cambió radicalmente y el sujeto que somos tampoco puede continuar siendo el mismo.
Es un descoloque, como caminar en la arena, de pronto algo sucede y la realidad nos lleva puestos, como a veces se dice, y perdemos los anclajes, y ya no podemos seguir sujetándonos a lo conocido y seguro, porque mucho de eso conocido y seguro ya no existe más.
Una de las características de las situaciones extremas, como bien resulta ésta, es la de tener la capacidad de llevar a los sujetos a los límites de la subjetividad, siendo capaces de sacar tanto lo mejor, como lo peor que existe adentro nuestro. Así, si observamos un poco a nuestro alrededor, vemos por un lado el resurgimiento de sentimientos de ternura hacia al otro, y de solidaridad y comunidad. Entonces vemos gente preocupándose por su vecino viejito que está solo, gente preparando una porción de comida de más para el que está al lago y hasta gente organizando campañas solidarias para los más desprotegidos. Y, como contracara de una misma cosa, también estamos siendo testigos de conductas hostiles hacia el otro, de ataques entre vecinos al personal de salud que vive en sus edificios, de escraches a “supuestos infectados” y hasta de agresiones directas hacia personas que se presumen con la enfermedad. Lo que se puede observar, es esta ambivalencia entre el otro como refugio y el otro como amenaza.

Lo que vendrá

Recientemente, aparecieron algunos artículos, o declaraciones acerca de cómo será el mundo después de esto… intentos todos por recuperar algo de la seguridad perdida, porque entender y conocer siempre nos dan seguridad y eso, de alguna manera, tranquiliza. Lo cierto es que nadie sabe y nadie puede saberlo. No es posible hacer futurología aquí.
Si bien el aislamiento y la cuarentena nos obligan a hacer una pausa en nuestras rutinas, hay una situación, un real que nos excede y atraviesa a todos, que nos está obligando a parar y a “recalcular” si se quiere.
Y los que mejor podrán sobrellevarlo serán aquellos que estén dispuestos a aceptar esa pausa, a transitar esta ruptura en la continuidad, sin expectativas y sin anticiparse a lo que vendrá, dejando que simplemente suceda y tolerando la angustia y la incertidumbre que todo ello implica. Porque lo que los filósofos también dicen acerca del acontecimiento, es que es una posibilidad de creación: “En relación con una situación o un mundo, un acontecimiento abre la posibilidad de lo que, desde el estricto punto de vista de esa situación o de la legalidad de ese mundo, es propiamente imposible” (Badiou, A. 2009).
En concordancia con lo anterior reza el dicho: “Cuando nada es seguro, todo es posible”. Sera necesario después, reconstruirse y recrearse, sobre la base de nuevos anclajes, y pensar qué mundo queremos habitar después de todo esto, recuperando el lazo que nos liga y nos une a los demás, rescatando la trama que nos contiene a todos, un mundo sin tantos excluidos, donde lo que desde la lógica del hoy parece imposible, mañana sea posible.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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