Último momento
recent

En tres continentes, cuatro jesusmarienses nos comparten cómo vivencian sus “cuarentenas”

Martina Turrado (EEUU) Raquel y Manuel López (España) y Armando Baudín (Nueva Zelanda) son jesusmarienses que viven la experiencia del aislamiento lejos de casa. 

Martina Turrado tiene 24 años y está viviendo por estos días en las afueras de Washington D.C donde se desempeña como au pair. Allí, en Virginia y a 30 minutos de la Capital, también se está viviendo el aislamiento social obligatorio, con variantes según el Estado de que se trate. Al cierre de esta edición, Estados Unidos llevaba poco más de medio millón de infectados y más de 20 mil muertos.
De más está decir que en América, junto con Brasil, Estados Unidos fue uno de los países que más tarde reaccionó a la pandemia y la solución hoy está en manos de cada uno de los gobernadores de los Estados, después de que Donald Trump les anunciara que no habría una política federal para contener el COVID-19.
Martina asegura que tiene más trabajo ahora que, regularmente: “Esta situación no afectó mi trabajo para nada, es más, lo incrementó porque en Virginia se decidió que ningún estudiante volverá a cursar su ciclo escolar de este año y tendrás clases en forma virtual”.
“Por ahora -ríe un poco la joven- todo bien. Básicamente, estoy en aislamiento hace casi un mes, por decisión propia porque, antes, vivía en una casa y convivía con una persona con asma severo al que no quería contagiar”.
Al principio, se habían cerrados los parque infantiles, pero no el resto de los parques y a Martina le llamaba la atención que la gente se seguía juntando a conversar como si nada: “Se sentaban unos al lado de los otros, sin respetar la distancia sugeridas. Eso me llamó la atención. Tengo amigos en Nueva York que están en total aislamiento porque los casos allá son muchísimos, pero acá no sé si no se los están tomando en serio o qué porque hacen bastante vida normal, más allá de que los chicos no van al colegio y se trabaja desde la casa”.
“Básicamente la gente no sale, o sale con mascarillas y guantes, de vez en cuando alguien pasa paseando el perro. La decisión de la familia con la que trabajo es el aislamiento total, las compras se hacen por internet. La semana que viene arrancan las clases on line que va a ser interesante de ver”, completó Martina.

En Oceanía es otra cosa

Armando Baudín vive desde hace 18 años en Nueva Zelanda donde se desempeñó en trabajos y oficios de los más variados, incluso trabajó para la embajada argentina allá. Hizo radio, gerenció restaurantes, y hasta trabajos rurales. Tiene ciudadanía kiwi (como se denominan a sí mismos).
En el extremo sur de Oceanía, el coronavirus no produjo estragos. De hecho, hasta el sábado, sólo se habían registrado 1300 casos, 4 muertos, y ya estaban recuperadas de aquel total 430 personas.
“Nuestro país tiene un comercio muy fluido con China y cuando se desató la crisis (del COVID-19) nuestra primera ministra estaba de visita comercial en China. Empezó a ver la magnitud de la crisis, entonces, Pero acá la magnitud de la crisis comenzó a verse hace unos 20 a 25 días atrás”, explicó Baudín en videollamada desde Wellington, la capital del país.
“Se tomaron -añadió Baudin- precauciones, se ingresó en alerta tres que era mantener distancia y se cerró todo. Los que podían trabajar a distancia lo hicieron así y los que no podían tenían que quedarse en casa. Paralelamente, se comunicaron subsidios. En mi caso, que soy cuentapropista, nos llegó un formulario con tres casillas para contestar. A los cuatro días, después de llenar el formulario y que se diera que tenías una merma del 30% de tus ingresos, te llegaba un dinero para las próximas siete semanas”.
En Nueva Zelanda se invirtió en ese cometido un billón de dólares y otro tanto para las empresas en dificultades.
“Estamos en una situación muy buena comparada con otros países, pero que no por eso, porque se está notando que está bajando la curva, vamos a dejar de seguir. Vamos a estar en alerta cuatro durante los próximos 15 días”, completó Baudín.

Los hermanos López en tierras españolas


Raquel y Manuel López habitan por estos días en España, aunque en geografías bien distantes. La hermana está en Barcelona y el hermano en Valencia. Pero también están unidos, además de su origen jesusmariense, por el aislamiento social en uno de los países europeos, junto con Italia, donde más pegó la enfermedad y donde más se la subestimó.
Con un título de Turismo bajo el brazo, Raquel (24) se fue a Barcelona a buscar empleo y lo consiguió súper rápido trabajando en hotelería.
“A este tema lo veíamos siguiendo de cerca porque empezamos a ver cómo se caían paulatinamente reservaciones. En España, tenemos muchos turistas coreanos, japoneses y chinos. Al principio, todo era como muy lejano. Decíamos ‘esto está sucediendo en otra parte del mundo’ y las cancelaciones eran de personas que decidían no viajar por miedo”, explicó Raquel.
Pero en marzo comenzaron las cancelaciones desde todas partes del mundo. Incluso, clientes de Estados Unidos que no sabían cómo iban a volverse a su país. Cuando se dio el primer diagnóstico positivo en cataluña, el número empezó a subir sin parar.
“Todo el mundo trabaja desde su casa, está todo cerrado, las playas cercadas para que la gente no entre, todos los trámites se hacen por internet y hasta los pagos del alquiler están cubiertos por seis meses, amparados por una ley. Al súper podés ir, pasear al perro sólo a una cuadra de tu casa, y a trabajar si tenés certificado”, resumió la joven.
“La multa -añadió- es carísima y ésa es una de las razones por las que la gente no rompe la cuarentena: Va desde los 600 a los 1000 euros”.
Raquel se asombra de la cantidad de infectados nuevos que hay por día, pero también destaca que hay gente que tomó iniciativas increíbles. “Hay mucha socialización entre balcones, juegan entre ellos al veo veo, al bingo. La gente se la está ingeniando porque están todos en la misma y se están aburriendo. Argentina tiene que tomar conciencia de que es muy grave lo que está pasando y que allá lo agarraron muy a tiempo, pero tienen que cumplir quedándose en casa. Es algo súper serio”, completó la jesusmariense.
Desde Valencia, Manuel refrenda muchas de las situaciones que describe su hermana.
“Hasta un día antes de que se decrete la alerta, acá se estaban haciendo las Fallas (la fiesta más importante que va del 15 al 19 de marzo) con normalidad. Valencia vive de eso y deja un montón de dinero. Atendíamos en el restaurante a un montón de italianos, que ya tenían el problema, pero todo el mundo lo minimizaba y no le daba ninguna importancia”, contó asombrado.
Manuel tiene 27 años y es arquitecto y junto a su pareja, Florencia, que también es arquitecta, se fue en agosto de 2019 a cursar un máster y, paralelamente, conseguir trabajo.
“Vivimos en un departamento solos en pleno centro del Valencia. Hace 28 días que no salimos para nada, cada dos días bajo a sacar la basura y una vez a la semana voy al súper que queda a una cuadra. Mi pareja trabaja desde casa y yo tuve que dejar el restaurante donde trabajaba. Me pusieron en un sistema (ERTE) por el que el Estado que me paga el 70% del sueldo que yo recibía”, agregó.
“Tenemos -concluyó- mucho estudio pendiente y, por eso, se nos hace fácil el aislamiento. Pero es complicado porque no podemos salir a ningún lado y vivimos en incertidumbre”.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.