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Que no gane la desesperación

Circula tanta información sobre coronavirus que muchísimos vecinos entraron en pánico sin razón suficiente. ¡Y algunos ya comenzaron una caza de brujas!

Cuenta la fábula que un campesino se encuentra con la Peste y le pregunta: “¿Peste para dónde vas?”. Y la peste le contesta: “Voy para Bagdad a matar a 500 personas”. Días más tarde vuelven a encontrarse y el campesino le reprocha a la Peste: “Peste mentirosa me dijiste que ibas a Bagdad a matar 500 personas, y mataste 5,000”. Y la peste le responde: “Efectivamente, yo maté 500 personas. Las demás se murieron de miedo”.
La analogía con lo que está viviendo con el coronavirus ya circula en distintos chats y redes sociales. Gente que no solo quiere que cierren los aeropuertos sino que pretende que haya una reclusión obligatoria para todo el mundo, incluso cuando no haya confirmado acá ni un solo caso positivo.
Ganó el miedo y es hasta lógico entender por qué. En tiempos de sobreinformación,  a través de los medios de comuni
cación o de conversaciones en redes sociales en torno al coronavirus, se termina produciendo una “desinformación” que potencia nuestro miedo al contagio.
Ya nadie sabe si es verdad que hay que tomar a intervalos regulares líquidos calientes o si hay que consumir mucha vitamina C. Y aunque la casuística sobre mortalidad en infantes y adolescentes es casi nula, quienes mayor miedo tienen son los padres de infantes y adolescentes.
Es más, da la impresión de que hay gente que quiere creer que ya hay coronavirus en la zona y que por alguna razón, se complotaron políticos y comunicadores para ocultarlo.
La mejor herramienta hoy, además del sentido común y la sensatez, es informarse sobre lo que deciden las autoridades sanitarias, ayudar a cumplir con las cuarentenas a los viajeros, y cuidar sin desesperar, especialmente a los adultos mayores.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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