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Ni flores ni bombones, igualdad de condiciones

Cada 8 de marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora. ¿Sabías que detrás de esta fecha -para algunos comercial- existe un reclamo latente, orientado a la igualdad? A continuación, una mirada económica y social del trabajo femenino.

Por: Florencia Strasorier (Lic en Comunicación, especializada en Géneros)

Aunque algunos asocien el 8 de marzo a conductas típicas de revista Caras (spa, manicura y flores, por ejemplo) la efeméride mundial rinde honor a 130 laburantas que murieron incendiadas en una fábrica en New York en 1911. Ellas trabajaban en pésimas condiciones y en esa jornada reclamaron mejoras laborales cuando su patrón prendió fuego la fábrica con ellas adentro.
De un tiempo a esta parte, con la irrupción del feminismo en la agenda, la fecha sirve para visibilizar desigualdades e injusticias que aún existen. Fue este colectivo el que organizó paros internacionales tras la leyenda “si nuestras vidas no valen produzcan sin nosotras” en conjunción con masivas marchas.
La economía tradicional (y sus grandes mentores como Smitch, Marx, etc) se olvidaron de un elemento clave: el aporte del trabajo de las mujeres. La economía feminista se consolida como ciencia para visibilizar que el trabajo que la mayoría de las mujeres realiza en sus hogares no es medido por las encuestas (aunque constituya el 27% del PBI).

Las amas, de casa 

Existen dos tipos de trabajo: el productivo, aquel por el que se recibe una remuneración a cambio de una tarea y es reconocido. El segundo es el trabajo reproductivo, aquel que permite que el trabajo productivo sea posible: garantiza el cuidado, el bienestar y la supervivencia de las personas; por lo general no es reconocido. ¿Qué mundo sería posible sin el aporte de aquellas que cocinan, lavan, contienen y atienden a esos “grandes hombres” que “cambian” el mundo?.
La frase “Eso que llaman amor es trabajo no pago” hace referencia al trabajo reproductivo (también conocido como doméstico), como la clave de la desigualdad entre varones y mujeres porque recae en ellas en un 76% y se transmite por herencia: se delegó a ellas, nadie preguntó, se naturalizó.
Contiene la reproducción biológica (gestación, parto, lactancia) y la reproducción social (mantenimiento del hogar, normas de crianza, educación, alimentación, atención y cuidado, organización de la casa). Va una frase ilustrativa: “las mujeres son las gobernadoras del hogar, en ese ámbito privado ellas mandan; pero en el mundo, afuera de las 4 paredes, son los varones los que gobiernan las ciudades, provincias y sindicatos”.
En el 2005, Néstor Kirchner (2005) sancionó la jubilación de amas de casa; una gran victoria porque nadie nunca las reconoció en esa labor tan importante. Eso permitió que aquellas que no tenían un trabajo formal puedan recibir una jubilación sin haber hecho los 30 años de aporte. Es clave, desde ya, visibilizar y reconocer ese trabajo.

Techo de cristal 

Las economistas aseguran que las mujeres poseen una doble jornada laboral; además del trabajo productivo realizan el reproductivo. También alertan que aquellas que tienen un hijo o más, disminuyen su participación en el mercado laboral formal; mientras que los varones a más hijos más desarrollo profesional poseen. Traducción: todas las horas que ellas dedican al cuidado de otros es tiempo que no se dedican a sí mismas (para descansar, estudiar, pasear); muchas no son dueñas de su propio tiempo.
Actualmente, 7 de cada 10 mujeres trabajan fuera de la casa (en los 60, sólo 2 de 10). Encuestas evidencian que son más en las universidades y culminan su formación más rápido. Sin embargo, son minoría en puestos jerárquicos y de toma de decisiones, en empresas, gobiernos o laburos bien pagos. ¿Por qué?
La noción “Techo de cristal” hace referencia a una barrera invisible y a pisos pegasos por los que escasean mujeres en puestos altos y permanecen en bajos. ¿Por qué? No se crean que no somos capaces.
Por eso este 8M: Ni flores ni bombones, igualdad de condiciones.

Fuente: economíafeminita.com y @Liderezas
Claudio Minoldo

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