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Melisa Figueroa, en cuarentena cerca de Milán

La jesumariense vive en Italia desde 2018 y cuenta cómo se está viviendo en el viejo mundo la pandemia del coronavirus.

Melisa tiene 25 años, vive sola en Novara, un pueblo que está a 25 kilómetros de Milán, y está trabajando para una empresa editorial destinada, principalmente, a la literatura infanto-juvenil.
En realidad, su llegada al viejo mundo tenía relación con la necesidad de obtener la ciudadanía y, una vez logrado ese cometido, quedarse hasta hallar  empleo.
En Argentina, había cursado estudios de Organización de eventos y en Estados Unidos tomó cursos de marketing.  De hecho, su actual trabajo en la editorial es como asistente de marketing.
Como tantos y tantas en Italia, donde la pandemia de coronavirus tiene las estadísticas mundiales más altas en mortalidad y en contagios, Melisa se fue quedando cada vez más encerrada hasta que un día le dijeron, directamente, que no podía moverse de su casa. Por citar un ejemplo, al supermercado puede ir una vez cada diez días y ya no consigue todo lo que habitualmente quisiera.
Primer Día dialogó con ella durante la semana y reconstruyó cómo es el día a día en el combate contra esta pandemia.
“El problema más grande fue el colapso del sistema. La gente no estaba preparada ni organizada”, comienza explicando la joven jesusmariense que está bien cerca de la provincia de Lombardía que fue la primera que se declaró en cuarentena obligatoria.
“Siento -detalla Melisa- como si fuera un deja vu. Pasado, presente y futuro, todo al mismo tiempo. Al principio, todos lo veíamos lejos, en China, como algo que no iba a pasar, se hacían memes en las redes sociales, nos reíamos un poco de la situación y decíamos que íbamos a bloquear a los chinos, y que los chinos esto y aquello”.
“De un día al otro, nos vimos en la misma situación: a todos los europeos nos cerraban las puertas y las fronteras. Al final, terminamos siendo más (en contagios y muertes) nosotros que todos los otros.  Al principio, la gente no se lo creía, subestimando 100% la gravedad del problema y también generando paranoias. En vez de fijarnos en las cosas importantes y en concentrarnos en los que nos decía el gobierno: “quédense en sus casas”, la gente salía a vaciar los supermercados. Ahora, veo que lo mismo está pasando en Argentina”, cierra Melisa ese periplo temporal y espacial.
Si China era el pasado, Europa el presente, y América el futuro, no se entiende por qué no se pudo frenar la pandemia antes de que se instale en cada geografía.

Del otro lado, una increíble cuarentena

Jesús María está separada de Novara por 11206 kilómetros de distancia. Melisa no ve a su familia jesusmariense desde hace un tiempo, pero tuvo una sorpresa al enterarse de que su papá, Darío Figueroa, cumplía también una cuarentena (antes de la obligatoria) por haber estado en contacto estrecho con un alumno que debió hacer la cuarentena y no lo hizo.
“Fue un shock para mi porque nosotros acá ya hace casi un mes que nos estamos cuidando y siguiendo todas las instrucciones sobre lo que tenemos que hacer. De repente, me entero que mi papá estaba en cuarentena... ¡No lo podía creer! No lo veía ni posible ni tan cercano. Pasé de que me pregunten cómo estaba a preguntar si mi familia estaba contagiada y yo estando tan lejos. Muchas veces me siento como si estuviese dentro de la película The Trumnan Show donde hay alguien con cámaras mirándonos y observando qué nos pasa. Es muy surrealista la situación”, describe Melisa a propósito de este virus altamente contagioso.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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