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El idilio de estar todos juntos

Excepto en vacaciones, viajes prolongados o circunstancias especiales, casi ninguna familia tenía costumbre de compartir tanto tiempo y en encierro.

Durante este aislamiento obligatorio, pareciera inútil tratar de consolarse pensando que a otros les va peor, que tienen menos comodidades, menos servicios, menos espacio, y más integrantes.
Es que la gente aislada se aburre, incluso, de esos servicios de los que otros carecen. Netflix, HBO Go, Amazon Prime, YouTube, Facebook, Whastapp o cualquier otra red conectada a internet dan absolutamente lo mismo para el que no soporta más las ganas de salir a dar, aunque sea, una vuelta de manzana.
Y es que, seamos honestos y con una mano en el corazón, no tenemos y no tuvimos antes la costumbre de compartir las 24 horas con nuestros seres queridos, salvo circunstancias excepcionales como unas vacaciones, o un viaje prolongado u otras circunstancias menos felices como tener que montarle guardia a un enfermo.
Y así como añoramos el tiempo en que podíamos estar todos juntos, ahora que vivimos esta inédita cuarentena no vemos la hora de poder estar solos un rato y fuera de casa.
Ahí está el quid de la cuestión y donde tenemos que poner el ojo en esta circunstancia: si la gente no circula, el virus no encuentra huésped y muere. Ése es el desafío más importante. Para algunos, está experiencia lleva menos de diez días, aunque otros que se autoimpusieron una autorreclusión llevan casi una quincena.
Y los pronósticos optimistas dicen que resta, como mínimo, una quincena completa más para asegurar que la famosa “curva” de contagio realmente descienda.
Después de todo, nos obligan a estar con los nuestros, más allá de la idílica idea de que juntos es mejor. No habrá en la historia próxima un aprendizaje mayor que el de estos tiempos de compartir comunitario.­
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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