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Diez años después, otra tragedia enlutó al Festival de Jesús María

El jinete de Deán Funes que venía en representación de la delegación de Catamarca, Norberto Eric Cossutta, tuvo un apretón que resultó mortal, justo el mismo día en que se cumplían 10 años de la muerte del misionero Alfredo Spíndola.

El 13 de enero de 2010 y de 2020 ya quedaron en la memoria del Festival de Jesús María como las fechas en que se repitieron sus accidentes más trágicos. En la primera ocasión, falleció el jinete misionero Alfredo Spíndola y en la madrugada del martes pasado le tocó el turno al deanfunense Norberto Cossutta, quien representaba a la provincia de Catamarca.
Ambos, tuvieron en común que la muerte les sobrevino después de un apretón con todo el cuerpo el animal sobre la zona torácico pélvica, aunque en el caso de Spíndola fue una fractura en la base del cráneo la que desencadenó el desenlace fatal posterior.
La otra coincidencia -y que estremece- fue que ambos accidentes de produjeron minutos antes de las 22: el de Spíndola fue a las 21.50; el de Cossutta, a las 21.45.
La siguiente concurrencia fue que, en ambos casos, se trató de jinetes que debutaban en Jesús María. Y a ambos le tocó jinetear un animal de idéntico pelaje. Tanto uno como, se desempeñaban como peones rurales y habían jineteado en otros ruedos, pero hacerlo en Jesús María tenía para ellos un valor extra porque se trata de la “Meca” de cualquier jinete argentino.
Al momento de su muerte Spíndola tenía 23 años y un hijo de un año de edad, mientras que Cossutta sumaba 40 años y también tenía un hijo de 9 años. A ambos se los socorrió en un sanatorio de la zona y su deceso se confirmó un par de horas después, tras un paro cardiorrespiratorio.
Los politraumatismos y fracturas severas fueron, también en ambos casos, los que desencadenaron la posterior muerte.
En 2010, ni bien le soltaron el reservado a Spíndola, el caballo se arqueó para atrás, lo aplastó y lo dejó tendido e inconsciente a escasos metros del palenque uno. Pero el accidente de Cossutta fue bien diferente. Salió del palenque dos y su caballo dio una buena cantidad de corcovos y abalanzos mientras se dirigía como en línea recta hacia el medio del campo, casi a la altura del escenario.
Según relataron sus compañeros, se le soltó un estribo y el jinete, para no caerse, no atinó a soltar las riendas. En apariencia en un abalanzo lo cargó de más y no alcanzó a ver que su animal también se boleaba y que le iba a dar el apretón mortal.

La triste despedida

El responso de despedida del jinete Norberto Cossutta fue acompañado por los colaboradores del festival, dirigentes, animadores, payadores, jinetes y delegados que se arremolinaron en el medio del campo de la jineteada para darle el adiós.
El capellán de Gendarmería Juan Gabriel Cayo fue el encargado de la oración, la lectura del evangelio, y el rezo de un padre nuestro. El sacerdote eligió imágenes sencillas para tratar de explicar lo que no tiene explicación, excepto para las personas que tienen fe.
Mientras tanto, los compañeros de Cossutta, de la delegación de Catamarca, no trataban de disimular el dolor y dejaban que las lágrimas les rueden por el rostro. Ellos llevaban en andas la imagen de la Virgen de Luján, patrona del festival.
Para muchos colaboradores que estuvieron en 2010 cuando falleció Spíndola fue inevitable hacer comparaciones. Esta vez fue todo más sobrio, más despojado de palabras, y respetuoso desde la locución oficial.
Una corona fúnebre con dedicatoria del festival dio cuenta de esa sobriedad y, sobre el final, fue trasladada por el secretario Juan López y la vicepresidenta segunda Heddy Carrizo al Museo del Festival.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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