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55 Festival: Luces y sombras de una edición que quedará en la historia

Extraoficialmente, se difundió que 192183 espectadores pagaron su ticket durante la edición 55 del Festival de Jesús María, cifra nunca antes lograda.

Además de sumar 50 mil espectadores más que en la edición 2019 (que tuvo una noche suspendida por lluvia), el Festival de este año superó dos marcas que no se habían vencido antes: pasó primero la barrera de las 180 mil entradas vendidas y también la de las 190 mil entradas vendidas.
De todos modos, la cifra conocida extraoficialmente habla de 192183 entradas logradas durante la edición que acaba de concluir y no se sabe si el conteo fino estará cerca de las 195 mil o de las 200 mil entradas cortadas.
El principal acierto de esta fiesta es haber logrado una grilla que combina dosis precisas de artistas populares en su mejor expresión. Y así como Manseros Santiagueños pasó del último sábado al último domingo y también a la jornada inaugural, otras vacas sagradas también se movieron de sitio y de día.

Crisol de ritmos

2020 fue el año del “Palmerazo”, esa explosión de cumbia santafesina que trajeron Los Palmeras y que fueron la antesala para otra aplanadora del folk como es Chaqueño Palavecino.
Esa combinación le trajo al festival la mayor taquilla de este año que, extraoficialmente, cerró en 28.500 espectadores, cifra que sumió en la incredulidad a propios y ajenos. Para la mayoría, esa noche hubo mucho más de 30 mil espectadores dentro del anfiteatro José Hernández.
La segunda mejor noche, si uno se guía por los datos que difundió la Secretaría de Prensa, fue la del lunes extra con Paulo Londra que cortó 22 mil tickets y algo más. Ni la lluvia pudo frenar el fervor del villamariense que hizo delirar a una multitud de pibitas y pibitos, acompañados por sus padres, y a miles de preadolescentes y adolescentes que fueron en barra a ver al trapero del momento.
Mil entradas abajo quedó como tercera noche más taquillera la de Manseros Santiagueños y Ulises con un Onofre Paz que se tiró un piletazo y sugirió que ellos deberían actuar dos noches en Jesús María porque hay muchas personas que se quedan con ganas de verlos.
Según el conteo provisorio, el cuatro lugar en convocatoria lo habrían empatado Abel Pintos (programado para el jueves) y Soledad (último sábado) con casi 20 mil entradas vendidas.
Ambos, ofrecieron shows de alta entrega emocional y en un nivel superlativo. No extraña, después de verlos, que el público los siga teniendo entre sus preferidos. Han crecido en estos escenarios, han visto altas y bajas, y tienen la madurez como para encarar un repertorio que no deje fisuras y conforme a la mayoría.
Solamente esas cinco noches destacadas entre las más taquilleras aportaron 111 mil tickets, cifra que representa más que el total de las ediciones 37 (2002) y 41 (2006) cuando por las boleterías pasaron menos de 100 mil espectadores.
Salvo el martes 14 -día posterior a la muerte del jinete Norberto Eric Cossutta- y el miércoles 15 donde la taquilla anduvo orillando las 10 mil personas, el resto de los días aportó un promedio de 15 mil entradas cortadas, un récord de público nunca antes visto en este ruedo.
El promedio de asistentes por noche quedó en 17400 espectadores, muy por encima incluso del promedio que venía arrojando el festival en las cuatro ediciones anteriores.

Momentos amargos

En este festival, hay cierta conciencia de que la muerte forma parte de la ecuación porque se trata de una lucha desigual en peso y fortaleza.
Un hombre generalmente delgado intenta ganarle una pulseada a un animal que lo cuadruplica y hasta quintuplica en peso. Y aunque la mayoría insiste en que se trata de un deporte, pocos le añaden el calificativo “de riesgo”.
Y contando con el antecedente de dos jinetes muertos en diez años, más uno que al cierre de esta edición peleaba desigualmente por su vida, va siendo hora de que el festival maneje un “protocolo” que le permita actuar y comunicar con la celeridad requerida de modo que quede bien con la familia del fallecido como con el público que asiste a la fiesta.
Quedó flotando la sensación de que el último tramo del lunes 13 de enero, bien entrada la madrugada y con un número de cuarteto en el escenario, debió haberse suspendido porque a esa hora ya se sabía que Norberto Cossutta había fallecido.
Lo del protocolo viene a colación también por la inexplicable demora de 24 horas hasta dar un parte médico con el estado de salud de Leonardo Trevisan (Entre Ríos) y mientras los rumores hacían su pernicioso trabajo.
En esos casos, la peor reacción del festival es la parálisis, el quedarse quieto y callado, porque eso no hace más que alimentar las voces de quienes detestan el festival, de las asociaciones proteccionistas que aprovechan eso para seguir sembrando voces en contra de la jineteada.

La vara quedó muy alta

Existe un tema más que quedó flotando y que, ojalá, tenga una pronta resolución en el ámbito penal. Es la denuncia por la supuesta comisión de un delito en contra de la integridad sexual de una excolaboradora del festival por parte de su presidente, Nicolás Tottis.
Tottis vuelve a la presidencia este lunes 27 (pidió licencia por 20 días el 7 de enero) envuelto en una sospecha que sólo la Justicia puede despejar. Su suerte al frente de este exitoso festival depende de eso.
Pero independientemente del incómodo momento que atraviesa por esa denuncia y de sus implicancias hacia el interior de la institución, no menos cierto es que está haciendo falta ir preparando el terreno para una “nueva” dirigencia que sepa tomar el reto de conducir al festival a sus estándares más altos.
Porque la vara quedó altísima. No digamos por los más de 190 mil espectadores que marcó la edición 55 sino porque es difícil alcanzar 160 mil espectadores.
En las últimas cinco ediciones, 800 mil personas pagaron su entrada para disfrutar de alguna noche de Jesús María. Ese volumen se traduce no solo en venta de entradas, sino en venta de comidas, bebidas, recuerdos, pilchas criollas, merchandising oficial, estacionamiento, combustible, transporte. En definitiva, en cifras millonarias que benefician a toda una región, además de a las 20 escuelas socias y dueñas de la fiesta.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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