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De oficio luthier: madera y música en los genes

César Torres busca recuperar la tarea artesanal agregándole su sello personal.

Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)

De hablar pausado y con acento que delata sus raíces norteñas, César abrió las puertas de la oficina y el galpón, lugares donde transita gran parte del día. En un rincón, cuelgan los diferentes instrumentos que fabrica con paciencia: guitarras, guitarrones, charangos y requintos. Cada uno de ellos con diferentes tamaños, características y sonidos.
A pocos metros, funciona el taller en el que las maderas despertarán melodías. Con entusiasmo, recorrió los espacios y detalló las etapas del proceso. La postal parecía un rompecabezas gigante, entre aserrín y herramientas. Con 39 años, decidió dejar su oficio principal como carpintero para incursionar en la luthería. 

En el monte

“Nací en Salta en la zona de Chaco Salteño, en un lugar que se llama La Unión. Es un pueblito donde hay muchos wichis, es zona de mucho palo santo, mucho bosque. De ahí el amor a la madera. Mi abuelo fue carpintero, mi viejo también hizo algo de carpintería y yo ingresé a la Escuela de Capinteros a los 14 años hasta los 18. Me recibí de técnico carpintero y después empecé a trabajar en una carpintería. Cuando tenía 20 años me salió una posibilidad de trabajo acá, entonces me vine. Hace 19 años que estoy acá, soy la mitad salteño, mitad de Caroya”, resumió. 
Al poco tiempo de arribar a la ciudad, inició con lo que era un hobby y que unía dos pasiones, la carpintería y la música. La infancia ligada al monte, le brindó herramientas que en la actualidad nutren su trabajo tales como la curiosidad, la creatividad y el silencio.
La música también jugó un papel vital y que, a lo largo de los años, estuvo en su vida con mayor o menor fuerza. “Tenía un tío que tocaba la guitarra -recordó- porque siempre fue músico. Desde que tengo uso de razón, siempre lo escuchábamos. Yo era el que lo molestaba y no lo dejaba tocar. A los 15 años le dije a mi vieja ‘voy a aprender a tocar la guitarra’ y así fue. Muchas veces decimos que se durmió un poco el duen-de porque la música cuando se la lleva en el alma, no la dejás”.
Hoy, la luthería es el cable a tierra y sostén de la familia. “Es tener la posibilidad de trabajar de que me gusta y poder vivir de eso. Esa fue una meta muy grande. La primera había sido poner mi propia carpintería, pero esto es diferente. En mi Facebook había puesto una nota que decía ‘estoy dejando un trabajo hermoso para hacer otro aún mejor’. Es lo cierto, es lo que me pasaba en ese momento y me sigue pasando”, narró. 

Magia en madera 

César aseguró que cada músico es un mundo por lo que allí nace el desafío de crear un instrumento único y especial. El proceso de fabricación de una guitarra lleva más dedicación de lo que se cree y por sobre todo, mucha perseverancia. El primer paso es cortar la madera en tablas finas, pintarlas y dejarlas secar por un año y medio. Luego se elige el material que, en el caso de Torres, incluye maderas novedosas para el oficio. 
Palo santo, jacarandá, guatambú, nogal, cedro son las opciones. El artesano remarcó la importancia de sumar maderas nativas a las tradicionales provenientes del exterior. Finalmente, la construcción propiamente dicha lleva alrededor de seis meses, tiempo que comprende, además, el estacionamiento del instrumento. 
Su talento plasmado en trabajos llegó a oídos de Jorge Rojas, quien tiene una guitarra fabricada por César. Entusiasmado, relató el encuentro con el cantautor: “el año pasado cuando vino con el Indio Rojas a la Doma, por medio de ‘Coco’ Gómez, pude bajar a camarines y mostrarle la guitarra. Se quedó loco, le gustó y me dijo que quería una, pero que fuera completa de palo santo porque es su madera, de la zona nuestra”.

Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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