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Yerkis y Cindy tienen un nuevo hogar aquí, lejos de Venezuela

Pulgar arriba de Yerkis con los Caresani
Representan a numerosas familias que emigraron buscando un mejor porvenir.

Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)

Mucho se habla de la crisis socioeconómica que está viviendo el país latinoamericano, muchas publicaciones circulan en las redes sociales con imágenes de lo que allí sucede. En esta ocasión, la noticia tiene nombre y rostro, el de dos personas que tomaron una difícil decisión y que, hoy, rehacen su vida en Córdoba. 
Para mi sorpresa, todos los que consulté se mostraron ampliamente predispuestos a narrar sus historias por lo que seguramente habrá más voces protagonistas en próximas ediciones. 
¿Cuáles son las sensaciones de reunir en una valija toda una vida para salir al encuentro de un lugar desconocido, muchas veces en soledad dejado atrás a amigos y familia? Yerkis Araujo Barbosa (21) y Cindy Rodríguez Turpial (38) toman la palabra para responder éste y otros interrogantes más. 

Nuevas experiencias 

“Llegué a Argentina el 20 de diciembre y el motivo era porque quería conocer Argentina, viajar. Tenía la necesidad de trabajar también, de buscar un mejor porvenir. Estaba trabajando en Colombia, pero no pagaban lo que era. Entonces, (me) dije que quería ir a probar otra cosa nueva. Tenía un poco de problemas con laburar porque es muy escaso en Colombia porque uno es extranjero”, empezó el relato Yerkis. 
En la actualidad, vive en Colonia Caroya desde hace casi un año. Tiene seis hermanos más de los cuales los dos mayores siguen en Venezuela con su papá mientras que el resto de la familia está en Colombia.   
Comenzó tímido su narración, pero sus palabras fueron fluyendo confiadas y terminaron con una pose risueña para la fotografía de esta nota. 
Oriundo de Maracaibo, resumió qué significó el desarraigo: “Ha sido fuerte pero tampoco difícil. Todo lo que uno se propone, lo hace. Me veo y digo que uno va con corazón, con alegría a dedicarse a ir a otros lados como me tocó estar aquí en Argentina. El proceso ha sido fuerte porque estoy lejos de mi familia, pero también la he pasado lindo acá porque conocí a muchas personas de buen corazón, que me han dado la mano”.
A la hora de responder cómo ha sido su adaptación a la cultura e idiosincrasia local, pensó mucho. El lenguaje y los horarios encabezaron la lista de desafíos que debió superar.
 “Me gusta la Colonia porque me he tomado la molestia, como quien dice de investigar y preguntar qué son los árboles. Apenas entré acá, dije ‘de aquí no me muevo yo’. Me llamó mucho la atención los árboles, nunca había visto algo así”, explicó con fascinación sobre su primer encuentro con los plátanos. 
A poco de cumplir su primer aniversario en la ciudad, se mostró muy agradecido con la familia Caresani quienes lo reciben en su casa y al que tratan como uno más de ellos, según Yerkis. 
Próximamente volverá a Colombia para estar con los suyos ya que la distancia pesa. No sabe aún a donde seguirá su rumbo pero sí tiene la certeza de que algún día volverá a su país para estar con toda su familia nuevamente. 

Mujer fuerte

Cindy abrió las puertas de su hogar con una gran sonrisa. Nadie sospecharía que detrás de eso hay una gran historia de valentía y sacrificio. En tres años que lleva en Argentina, superó la distancia y el exilio embrazada de su tercer hijo y, con posterioridad, una separación. Nada de eso quebrantó su voluntad. 
En Venezuela, tenía una pequeña empresa de eventos en que ofrecía servicios de catering, maquillaje artístico y globología, entre otros. “Fueron bajando las ventas y, antes de que terminara de caer todo, preferimos vender lo poco que teníamos (auto, moto, todo) y con eso nos alcanzó para venirnos directamente hasta acá. Salí una semana antes de que suspendieran los vuelos directos de allá para acá”, narró.  
“Cuando veo que estoy embrazada -continuó-, mis embarazos son de alto riesgo porque me cuesta mucho retener los bebés y además me da el asma (sic). Eso fue lo que me llevó a tomar la decisión más rápido de salir de país. Pensé ‘me puedo morir yo, se muere el bebé que viene en camino o simplemente nos morimos los dos’. Ya las medicinas estaban escasas, a mí me empieza a dar el asma y tuve que publicar en los grupos de compra y venta preguntando quién tenía un inhalador que me pudiera vender porque, aun con dinero, no había en las farmacias. Podías tener todo el dinero en la mano, pero no había donde comprar. Toallas sanitarias no había, ya estábamos a punto de que cortábamos las sábanas y se utilizaban de toallas sanitarias”.  
Con la mirada puesta en Argentina, llegaron a Alta Gracia, luego arribaron a La Granja hasta establecerse definitivamente en Jesús María, hace ya dos años. Hoy, Cindy es una mujer orquesta que logró ganarse el afecto de quienes la conocen. 
Para llegar a fin de mes, prepara comidas sin TACC y platos típicos de Venezuela que ofrece en un puesto de artesanos en la Explanada del Ferrocarril, trabaja en eventos, limpieza, atención al público, entre otros.  
Además, coordina un grupo de WhatsApp en donde muchas familias venezolanas de la zona comparten sus experiencias y se ayudan mutuamente.  
La comparación entre Argentina y Venezuela es una frase recurrente. Cindy fue tajante en su descripción: “Hay muchas personas que dicen ‘vamos camino a ser Venezuela’ o ‘estamos como Venezuela’. Es incomparable, de verdad. Yo que viví ahí el principio de la crisis y aún lo sigo viviendo porque mis padres, mi hermana y toda mi familia están allá. Salías a la calle a las tres de la mañana para hacer una cola para ver qué te podían vender, porque no era que podías comprar lo que tú quieras. O le dabas comida a tus hijos y no comías tú o todos se quedaban con hambre”.
Para finalizar la entrevista, recordó nuevamente el porqué de la decisión de dejar su país natal y reaparecieron dos palabras, sus hijos. Veruzka cumplió 18 años y sueña con ir a la universidad. Por eso, Cindy descartó la posibilidad de retornar a Venezuela ya que las posibilidades de contar con educación universitaria y trasporte gratuito le aseguran que ese anhelo es posible. 
“Es un progreso, un desarrollo para ella. No le puedo negar eso simplemente por el capricho, vamos a decirlo así, de volver a mi tierra. Amo mi tierra, la quiero y no la cambiaría por nada pero también valoro el desarrollo de mis hijos y la estabilidad porque si salí de allá fue para una mejora”, concluyó. 
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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