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Y al día siguiente, perdimos todos

Las recientes elecciones PASO nos pusieron de frente a una angustiosa verdad: todo nos afecta, hasta el más mínimo pronunciamiento en unas elecciones internas.

Poco duró la euforia tras las PASO del domingo 11. Al día siguiente, todos éramos un 25 por ciento más pobres y nos quedamos masticando rabia en cantidades siderales.
Es tan frágil nuestra economía que un estornudo en Turquía nos devalúa la moneda, lo mismo que si China y Estados Unidos se miran feo. El más insignificante movimiento nos descalabra, nos saca de eje, nos pone frente a la triste realidad de mediano plazo: no somos un país que pueda sostenerse en pie ni ante embates propios ni ajenos.
A Troskos, moderados, liberales, amarillos, de centro, zurdos, conservas (elija el apelativo que guste o que falte en esta enumeración) les ocurrió lo mismo con la corrida de esta semana: se empobrecieron un 25 por ciento más que la semana pasada y se enfrentan a un panorama preocupante, si se respetan ciertos índices, por ejemplo, que el dólar no trepe de 60 pesos.
No perdió MM ni ganó FF, perdimos todos. Y los cruces entre ganadores y perdedores nos mostraron cuán lejos estamos de encontrar una salida colectiva, de codo a codo, sin importar credos, simpatías, fide- lidades.
En esta transición que queda hasta el cambio de mandato lo deseable sería que nadie intente apagar el fuego con una molotov.
Se habla de una inflación para cuando termine el año del 55%. Se habla de que el FMI ya no hará giros, salvo uno, que le permitan al Central contener otra estampida.
Instituciones débiles y políticos que ya no saben leer los mensajes de la comunidad que gobiernan son los otros elementos que generan desazón por estos días.
¿Estaremos maduros algún día para respetar la alternancia y colectivamente empujar para el mismo lado? Ojalá que algún día podamos verlo.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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