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Sulema Vega: Cuando necesitan algo, ¡así sea rengueteada yo salgo!

Dentro del marco del Programa de Salvaguarda de la Memoria Ancestral Comunitaria, esta vez una pequeña muestra de lo conversado con Sulema Vega (83) vecina de Jesús María, criada y nacida en el Paraje Los Algarrobos (dpto. Río Seco)

Por: Lic. Pablo Rosalía y Lic. Patricia Rionda (Asociación Cultural Relatos del Viento)

En pleno barrio Latinoamérica nos recibe, primero, la casa de Sulema. Sí, Sulema con S, lo que nos recuerda con orgullo que la sonoridad de las palabras será siempre en la América del pueblo más importante que su escritura.
Su galería abierta limita con la vereda y cobija buena parte de las actividades cotidianas de la familia. Una casa así es mucho más que la añoranza del ya lejano hogar campesino. Ese hogar ha crecido mirando hacia la comunidad y no de espaldas a ella.
En el centro de ese abrazo hecho galería, nos espera Sulema. Está sentada en su reposera. Por eso, parece más bajita sobre la mesa. Nos recibe con pan casero, el agua a punto y el mate listo. Así es ella: atenta, generosa. Y, como ya veremos, mujer fuerte y sabia también, cualidades poderosas contra los golpes de la vida.
La charla sobre las cosas de antes arrancó sin más, como si fuéramos viejos conocidos y, aún mejor, parte de la familia. No alcanzamos a encender el grabador que ya nos comentaba que cura por medio de Dios y su adorada Virgencita del Valle, imagen perpetuada en su brazo izquierdo. Entre muchas afecciones, ella sana el empacho, la ojeadura, las insolaciones, los nervios, los golpes y las quemaduras, pero ojo, deja bien claro que ella cura todo lo que sea sano, ¡pero que no me vengan con daños ni cosas raras! Eso no. Por eso, hablar de Sulema en Barrio Latinoamérica y más allá, es hablar de toda una institución al servicio de la comunidad.
Nacida en el paraje Los Algarrobos, a 25 kilómetros de Villa María de Río Seco, recuerda su infancia en el monte cuidando las cabras, reconstruye las imágenes de su madre hilando y tejiendo mantas para ganarse unos pesos. Hace una sentida pausa, antes de evocar a su padre fallecido cuando muy niña. Pero los sabores y aromas de aquel entonces la salvan y con una sonrisa da cuenta de los guisos, las sopas y que antes era muy rica la verdura, ahora tiene mucho compuesto, no es como antes.
De la cocina pasó a los juegos con muñecas de trapo y a los huesitos de vaca que hacían las veces de figuras de animales. A la escuela iba feliz con sus dos largas simpas (trenzas) hasta que la moda colonizadora le jugó una mala pasada; Había visto a unas chicas que estaban peinadas a lo garzón, entonces agarré la tijera y me corté las simpas ¡Pero como lloraba después! se lamenta al día de hoy con media sonrisa.
El barrio Latinoamérica hace honor a su nombre porque en las expresiones, valores y maneras de estar en el mundo de su orgullosa comunidad criolla, reside lo más genuino y auténtico de nuestra cultura. Es también reflejo del drama de nuestro continente: este barrio como otros, repleto de tantas manos generosas como necesitadas, han recibido a miles de familias que con no pocos engaños, dejaron sus tierras y paisajes. Sulema es consciente de esta esencia y lo defiende a capa y espada: Yo no tengo que decir del barrio, que lo tienen tan mal nombrando… Yo no tengo quejas de nadie, a mí la gente me quiere muy mucho porque yo soy así. ¡Uy, si se ofrece cualquier cosa, así sea a la rengueteada yo salgo!
Y así vamos llegando al final, se va sumando familia, se cruzan las conversaciones, las risas, la charla distendida. Los recuerdos sobre los indios, el legendario mito de la Umita y la Salamanca nos hacen trasladarnos en el espacio ¿acaso no estamos en ese monte ya escaso?
Flor de ceniza: para el dolor de estómago la mamá juntaba toda esa flor de ceniza que está tibiecita, la ponía en un repasador, lo hacía un nudito y te decía; ¡Pásenla por el estómago! Pero ahora los médicos te dan pastillas, y luego son las gastritis que vienen porque las pastillas se quedan pegadas, no bajan. ¡Claro que los médicos saben, para eso están! … pero tienen un comercio. Entonces, un pobre que no puede comprar remedios ¡se muere si no sabe tomar un yuyo!
Dolor de cabeza: hay que cortar las papas bien finitas, casi como una hostia, así redondita. Pincharla con un tenedor y hacerle agujeros. Luego, ponerse la papa por toda la frente, hasta las sienes. Se las deja dos, tres minutos y cuando ya esté caliente, se tira y se ponen más rodajitas de papa. Es muy importante hacer los agujeros, porque por ahí sale todo el mal, las insolaciones.
Luna y ropita de bebe: no hay que colgar la ropita de los bebes en las noches que haya luna, porque se alunan los chiquitos, no quedan bien.
Zapallito con leche: Acá estaba ardiendo el fueguito y ahí ponían una mitad de zapallito, y con el calor del fuego se cocinaba. ¡Pero viera que rico! porque quedaba como una ollita, y quedaba bien cocido, entonces ahí se le agregaba leche. ¡Mmmm! hacíamos con la cucharita. Porque antes era muy rica la verdura.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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