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Silvano Cepeda: “Me iba a trabajar al monte con mis 12 hijos”

Por: Lic. Pablo Rosalía y Lic. Patricia Rionda (Asociación Cultural Relatos del Viento)

Una lluvia tardía a fines de abril nos acompaña hasta lo de Silvano Cepeda. Entramos. Su casa nos cobija y nos da calor. Una siesta así, charlar sobre “las cosas de antes”, pide amargos con tortilla. Y mientras esperamos que la pava avise, nos cuenta que nació en el paraje Los Quebrachos.
Su primeros recuerdos arrancan levantándose antes de las seis de la mañana, primero para cumplir con el hacha en el monte y luego para caminar 10 kilómetros hasta la escuela, en Esquina.
Vida dura si las hubo, buscarse el jornal desde tan pequeño. Además de la leña, recogió papa, batata, trigo y maíz. Como peón de campo, logró jubilarse no hace tantos años y sus hijos lo trajeron a la Colonia para tenerlo cerca. Yo no quería venirme, sino que los hijos me trajeron, los dos más grandes trabajaban ellos acá, y me trajeron nomás. Y apenas llegué ya me comencé a enfermar. No me podía acostumbrar.
Con sus palabras, Silvano describe y encarna una dura realidad: el despoblamiento rural que sigue alimentando los cinturones de pueblos y ciudades, pero, además, un marchitarse sin más.
Quizá por eso, atesora con celo la sabiduría aprendida del monte, como la interminable lista de remedios con yuyos y las infinitas posibilidades de alimentarse con sus frutos. Recuerda cómo “La mama Lucía”, mujer que lo acogió con 12 años, molía las chauchas de algarrobas bien secas y con la harina obtenida, hacía el patay en moldes de lata al rocío.
Los mates van y vienen. En cada cebada, los ojos se le pierden para asomarse al pasado y recordar, por ejemplo, el ejército de cueros de cabritos inflados de arrope y dulces de tunas y tunillas, nostálgicos sabores que abren el apetito y denuncian su ausencia en las mesas modernas.
La pava renueva carga y un resoplo se cuela por la ventana. La pausa le sirvió a Silvano para hilar una nueva oleada de recuerdos: el ritual para llamar al viento, predecir la lluvia observando la luna y cómo evitar la piedra cuando la tormenta pinta fea. Así seguimos conversando, en ese tiempo sin tiempo. Por eso y como siempre, las dos horas de reloj fueron un puñado de minutos para el cuerpo y el alma.
Remover el pasado, recorrer la propia historia de vida y compartirla no es tarea fácil cuando las circunstancias han sido crudas, difíciles. Pero Silvano Cepeda evoca con una sonrisa los días en los que tuvo que hacerse cargo de sus 12 hijos e hijas. Había que acompañar al papi hasta el monte. Por suerte, entre las pocas pertenencias había una muy valiosa: una carretilla donde cabían los ocho más pequeños. Así que entre fragancias a poleo y otras savias, se abría paso por esos senderos de la vida, la mágica carretilla con tracción a padre. Gracias, muchas gracias Silvano por su pureza, generosidad y ejemplo de resistencia.
Grapa churquera: le comprábamos el orujo sobrante a La Caroyense, lo llevábamos a la mitad del monte y en un piletón alimentado abajo con fuego, lo hervíamos para hacer la Grapa Churquera. Muchos lo hacían, pero estaba prohibido, la policía todo el tiempo andaba revisando las casas.
Patay: se secaba bien la algarroba negra, o se recogía ya seca. Se molía bien molida y se cernía, era como una harina. Luego se prensaba en unos aros redondos y se dejaba a la noche en el sereno para que lo agarre el rocío. A la mañana siguiente ya lo tiene listo.
Viento: los días que no había viento, había que acercarse al molino y llamarlo. Lo llamaba mientras uno iba moviendo las aspas del molino y al ratito ya venía.
Nudo de víboras: Cuando uno encuentra muchas víboras enroscadas, hechas un nudo, usted tiene que agarrar el saco, taparlas e irse. Cuando vuelve y levanta el saco las víboras ya se han ido y le dejan una virtud, le dejan algo bueno.
La Charruga: es una guía (enredadera) llena de hojas, y es fresquita. Usted se la pone en la cabeza y se ponía el gorro... ¡enseguida nomás se le pasaba el dolor de cabeza!
Nombre: Silvano Cepeda (84)
Nacido y criado en: Paraje Los Quebrachos.
Su mejor recuerdo: llevando a sus hijos e hijas con él a trabajar al monte.

Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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