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¿Por qué no avanza la Causa Cadamuro?

De no mediar una confesión, un arrepentimiento, o la aparición de testigo presencial o prueba más contundente, se complican las chances de la Fiscalía de imputar a eventuales cómplices o partícipes del crimen y ocultamiento de la mujer asesinada en marzo de 2017.

Desde el momento de la muerte de María Eugenia Cadamuro, y hasta este domingo 25 de agosto, transcurrieron 893 días o lo que es lo mismo 2 años, 5 meses, y 10 días. En la historia reciente de la Justicia local no hubo causa más resonante, más comentada, ni que haya enfrentado a más personas por defender a uno u otro bando.
Flota una sensación generalizada de que, a esta altura, la causa debiera tener más sospechosos con los “dedos” pintados. Y como eso no viene ocurriendo se alientan los fantasmas de un enorme poderío económico comprando cuanta voluntad exista dentro del Poder Judicial.
¿Por qué no hay más imputados?. Razones hay muchas, pero la más importante tiene que ver con el espíritu de la ley penal. Se necesita de una sospecha “bastante” para imputar a alguien, tener concatenados una serie de hechos o de presunciones verosímiles para poder avanzar.
El fiscal Guillermo Monti tiene por ahora sospecha “simple” sobre varias personas, especialmente familiares de María Eugenia y un amigo de Jeremías Sanz. Sospecha que en algún tramo de la instrucción faltaron a la verdad y que, probablemente, colaboraron en el hecho del ocultamiento del cadáver de la mujer que este mes hubiese cumplido 49 años.
Pero salvo algunos testimonios de haberlos visto “juntos” aquel 15 de marzo y en la madrugada del 16, y la corroboración de que hubo numerosas llamadas telefónicas esa noche, la investigación posterior no logró encontrar otras pruebas más contundentes.
Muchos esperaban con ansias el resultado del peritaje sobre un par de guantes hallados en la escena del crimen, pero ni siquiera ésa es una prueba contundente de participación. ¿Por qué?
Supongamos, por un momento, que en una familia hay un juego de guantes que se utilizan para hacer jardinería. Si fueron usados por cinco personas en esa casa y se le practica un examen de ADN aparecerá el rastro genético de esas cinco personas. No se podrá determinar quién fue el último que los usó. Como argumento para incriminar a alguien, resulta poco potente.
Pero ¿no puede el fiscal imputar el fiscal con sospecha simple? Sí, puede hacerlo, pero corre el riesgo de que la defensa de los imputados solicite el “sobreseimiento” si no hay fortaleza argumental en ese acto. Sobreseídos, no hay forma posterior de incorporarlos al juicio.
¿Qué otro peligro procesal demora nuevas imputaciones? El de las “excusas absolutorias” que significan, en síntesis, que familiares y amigos mentirían o callarían y hasta colaborarían para ocultar que un ser querido fue autor de un hecho criminal.
Se espera esa conducta de los padres, respecto a hijos, o de los amigos íntimos y de familiares con cercanía afectiva comprobable.
Con la prueba colectada hasta hoy, tampoco existen indicios firmes de que pudo haber habido una instigación al crimen, que haya habido una autoría intelectual y que Jeremías Sanz haya sido solamente la mano ejecutora de esa instigación.
Así como abundan sospechas y pruebas sobre Sanz y su presunta autoría material, no puede decirse lo mismo de posibles cómplices o partícipes principales o secundarios.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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