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No te leo, pero te cuestiono

Cansan las discusiones en redes sociales con personas que pretenden cuestionar la legitimidad de un escrito tuyo sin siquiera haberlo leído.

El periodista Hugo Alconada Mon tuiteó recientemente una resignada queja: “Personas que NO leyeron el texto: - opinan sobre lo que CREEN que está en el texto; - le reclaman al autor que escriba lo que SÍ escribió; - agreden al autor y se enfrascan en discusiones con otras personas que... ¡TAMPOCO leyeron el texto! Eeeeeeen fin...”.
En sentido similar, Diego Marconetti (otro colega) señaló también por Twitter: “A esta altura, creo que el mayor problema que tenemos los argentinos es el de la comprensión de textos. Hay gente que lee A, entiende B, y te discute a muerte que la A es B”. Y añade más adelante: “Y le queremos hacer creer al pueblo que A es A porque sólo deseamos que el mal triunfe”.
Harto redundante y cómodo sería achacarle el fenómeno a la posverdad. Listo el pollo, pelada la gallina. Pero el análisis admite otras variables.
La mayoría de la gente no acude a las redes sociales en busca de lecturas. El hecho de que un periodista linkee una noticia no significa que sus “amigos” irán a leer de qué se trata.
¿Pereza absoluta? ¿Falta de tiempo/interés o ambas? Vaya uno a saber. Lo que resulta curioso es que alguien te pida explicaciones basándose solamente haber leído los pocos caracteres que escribiste para introducir a la lectura del artículo linkeado.
Y sobre esa poca de data que pusiste, también se sienten con el derecho de cuestionarte, de emitir un juicio de valor, de condenarte, de acusarte... ¡sin haber leído ni un centímetro del artículo al que invitás en el link!
El problema no es la falta de comprensión sobre el texto sino la absoluta ignorancia sobre lo que plantea el texto. No puede haber debate en donde no hay simetría de esfuerzo intelectual. El cuestionamiento es válido y se acepta, pero precisa de igualdad de términos de discusión.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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