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Lo que no puede esperar

A propósito de transiciones largas y estadísticas urticantes. Un repaso de temas cuya resolución no admite demora alguna. Urge un mayor compromiso ciudadano.

En una conversación con un importante dirigente local surgió como corolario de un intercambio de opiniones que va siendo hora de que los nuevos gobiernos dejen de construir sobre las ruinas del gobierno anterior.
Es que, en los hechos, cada nuevo que viene destruye todo lo que hizo su antecesor sin importar si lo que estaba hecho era bueno, regular, malo o excelente.
Pasa con la obra pública, con los servicios, con el organigrama, con los funcionarios que hacen carrera dentro de la gestión. El nuevo tiende a reemplazar todo, a revisar todo contrato, a romper con lo estandarizado para imponer sus propias reglas.
Esa forma de proceder no ha hecho más que sumirnos en atrasos en cuestiones que ya no admiten demora alguna. Vaya un ejemplo. Si una comunidad tiene problemas con el incremento en sus consumos problemáticos, la magnitud del problema obliga a darle tratamiento inmediato, ya, hoy mismo. El problema no espera un cambio de gobernantes, ni entiende sobre una transición, ni se acomodará a un cambio de funcionarios.
En ese sentido, la única garantía para que el problema siga instalado en la agenda pública y que ningún gobernante se crea con derecho a minimizarlo es que haya un compromiso de la ciudadanía.
En su momento, por ejemplo, un grupo de padres madrugaba los sábados y acompañaba a los inspectores municipales en los controles de alcoholemia.
Quizás, hoy, aquel ejemplo ya no sea válido y sea necesario atacar las causas y no las consecuencias del consumo excesivo de alcohol.
Pero sin el compromiso de la comunidad y de su insistencia ante las autoridades, cada problema no hará más que agudizarse y profundizarse. Ojalá que no dejemos para el gobierno que viene los problemas que tenemos que atacar hoy.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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