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Entre un “Sherlock” español y una “Doctora” de muñecas salvaron una invaluable colección de arte sacro

Ana María Salgado y Francisco Montes González son los responsables de haberle devuelto brillo a una colección de arte sacro que partió de un pueblito español, estuvo 65 años en un depósito, y terminó en Jesús María hace una década. 

Si por estos días tenés ganas de darte una vuelta por el Museo Jesuítico Nacional, no dejés de visitar la muestra de arte sacro que se viene exponiendo en la bodega de la Estancia Jesuítica.
¿Qué tiene de especial? En primer lugar, que se trata de obras que tienen entre 250 y 350 años de antigüedad y que fueron esculpidas por talentosos artistas del barroco andaluz (de reconocimiento mundial).
Ph. Mariano Brinnand (Museo Jesuítico Nacional)
Y en segundo término porque la restauración de las obras demandó una década de trabajo y no se dejó ni un centímetro cuadrado de cada obra librado al azar.
Hubo durante esta restauración dedicación profesional y humana, respeto por la idea original del creador, y amor por el trabajo bien hecho.
A mediados de semana fueron presentados los resultados de un minucioso trabajo de investigación formulado por el catedrático sevillano Francisco Montes González, quien aportó datos esclarecedores sobre esta colección de la que había casi nula información cuando llegaron a Jesús María, hace poco más de diez años.

Paco “Sherlock”

El currículum de Francisco “Paco” Montes González apabulla. Esta repleto de referencias sobre sus especializaciones en patrimonio e historia del arte, sus publicaciones en revistas y libros, y sus estancias académicas que van de Europa a América todo el tiempo.
Y además de un entusiasta amante de cualquier manifestación artística, cuando desanda la historia de las piezas que se exhiben hoy en el Jesuítico se emociona.
Igual que el detective de Arthur Conan Doyle, Paco se muestra orgulloso de haber resuelto en gran parte el enigma sobre el origen de las piezas de esta colección de 12 piezas.
Punto uno. No eran piezas sueltas las que vinieron del Museo de Arte Decorativo. Formaban parte, al menos entre seis y ocho de ellas, de un retablo (la estructura arquitectónica, pictórica y escultórica que se sitúa detrás del altar en las iglesias católicas de rito latino).
Punto Dos. Pertenecieron, muy probablemente, a la desaparecida Iglesia de la Victoria de un pueblito español llamado Estepa y que está entre Granada y Sevilla.
La autoría de las piezas puede atribuirse a Alonso Cano (contemporáneo y amigo de Velázquez), a Diego Márquez, y a Pedro Roldán (con alto grado de certeza).
Punto Tres. El conjunto perteneció a Justiniano Roque Casares Lynch, tío de Adolfo Bioy Casares (sí, el escritor y amigo de Borges) y fue donado al Museo de Arte Decorativo que nunca las tuvo en exposición.

“Doctora” Salgado

La maestranda y profesora Ana María Salgado es la otra pieza clave del salvataje. Cuando las esculturas llegaron al Jesuítico daban “pena”. Quebradas, quemadas, con marcas de herrumbre, atacadas por termitas, despintadas.
Sin su paciente amor, no podríamos disfrutar hoy de esta colección (aunque la tarea sigue). ¡Gracias, Paco y Ana!

Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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