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Hilda Salinas: “Rezale a la luna que te ayudará”

Programa de Salvaguarda de la Memoria Ancestral Comunitaria de Jesús María.

Por: Lic. Pablo Rosalía y Lic. Patricia Rionda (Asociación Cultural Relatos del Viento)

No entraba un alfiler en el living del Geriátrico Municipal de Jesús María. Residentes, personal y visitas arremolinadas al aparato que proyectaba sobre la pared creencias, cuentos, ritos y otros relatos de distintas personas de la provincia.
La memoria (o la falta de ella) se manifestaba diferente en cada espectador: lágrimas y pucheros por las nostalgias encendidas, comentarios vociferados y risas o ceños fruncidos cuando lo que se narraba era extraño.
Pero lo de la Hilda fue increíble. Se sabía todas. Respetuosa, levantaba y bajaba la mano al finalizar cada videíto. Cuando el caos de murmullos y opiniones apaciguaba, ella aportaba su bocadito o completaba recuerdos corroídos por los años que alguien dejó flotando.
Entre nosotros nos miramos y nos dijimos: ¡La pucha che, como sabe esta mujer! ¡Hay que entrevistarla!
Así que, al terminar y luego de conversar con otros grandes memoriosos, le propusimos a Hilda juntarnos a charlar sobre las cosas de antes. Sus palabras más o menos fueron las que siguen: Usted no se imagina cuánto me gustaría…. ¡Pero ni se le ocurra venir la semana que viene porque me llevan a las Termas ¿eh?
Hecha la salvedad, coordinamos fecha post-escapada y, finalmente, llegó la tarde en que nos dimos el lujazo de sumergirnos en su memoria. Con ella, fuimos felices en Agua de las Piedras, paraje donde fue criada por una abuela y un abuelo entrañables, éste último, vecino solidario si los hubo.
Con Hilda nos subimos al nogal prohibido y casi nos rompemos una pata, descubrimos a la luna chiquita y le rezamos como nos enseñó la abuela, entreabrimos los ojos para ver pasar la parra cuando el abuelo nos llevaba a dormir y escuchamos silenciosos –sentados en su cuerito e’vaca curtido- las conversaciones con don Pedro Frías… sí sí…el mismísimo gobernador que iba por unos mates (y también por uvas y sandías regaladas)
De ese inolvidable viaje por su memoria, con el permiso de esta dulcísima mujer nos trajimos recuerdos. Algunos de esos relatos -de altísimo valor cultural e histórico- compartimos a continuación y formarán parte del archivo oral de Jesús María:
Nombre: María Hilda Salinas
Nacida y criada en: Paraje Agua de las Piedras, departamento. Totoral
Edad: 85 años
Sus mejores recuerdos: su infancia feliz junto a sus abuelos
Velorio de los Angelitos: yo estuve en un velorio de un niño chiquitito. Lo vestían bien, lo sentaban en una sillita o altar arriba de la mesa. Una señora le hizo unas alitas que se le ponía al niño fallecido. No era un velorio tanto para rezar, se tomaba café y por ejemplo se jugaba al Anillo.
Tabaco: mi abuelo cosechaba varias variedades. Se picaba y se fumaba en chala. Pero el secreto era mantener la chala fresca. Lo que se hacía, era guardarlo en una latita con hojas de hinojo.
Mote: esa comida se hacía con un maíz gordo, con el maíz diente de caballo. Mi abuela lo cocinaba entero, pero como el mote es maíz sin piel, cuando se enfriaba ella lo ponía en un repasador y lo refregaba contra algo para se desprenda la piel. Ese mote se comía con arrope de tuna, que en mi casa se hacía un montón.
Mortero: la mano del mortero era de quebracho colorado, una madera dura. Pero cuando usted molía maíz, para que no le salte afuera, lo que se hacía era poner en el fondo un poco de paja brava picada.
Reuma: la grasa de puma era lo mejor para el reuma. También tenía unas tías que se iban al río y se tapaban con arena caliente hasta las rodillas, dicen que era muy bueno para el reuma.
Valor a la palabra: Yo me acuerdo mi abuelo, nunca firmaba un documento, con un apretón de manos, ya estaba ya… seguro que eso no se olvidaba más.
 
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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