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El misterioso legado arqueológico de Jorge del Prato ¿verá la luz?

Jesús María encaró el proceso de restitución de una valiosa colección de 450 piezas que obtuvo el arqueólogo amateur Jorge del Prato y que están en guarda en el Museo Jesuítico Nacional.

Desde 1990, Jesús María es la legítima “tenedora” de una colección arqueológica invaluable y que fue producto del trabajo como arqueólogo amateur de Jorge del Prato, entre 1951 y mediados de la década de 1970.
Sin embargo, casi toda la comunidad desconoce sobre su existencia porque a poco de estar en manos del municipio pasó al Museo Jesuítico Nacional en comodato con la vaga sugerencia de que se pusiese en exhibición, pero tal cosa nunca ocurrió.
Solamente unos pocos privilegiados estuvieron frente a la colección que incluye piezas de los pueblos originarios que habitaron estas tierras, ya que la mayoría de las extracciones de los objetos se realizaron en estancias de Jesús María, Colonia Caroya, y otros poblados de las sierras chicas.

El coleccionista misterioso

La historia del propio Del prato es un misterio. Los documentos lo hacen figurar con la separación entre del y prato, pero en la firma que él estampaba en sus documentos firma todo junto: Delprato.
Se sabe que vivía sobre la calle Antártida Argentina de barrio Norte en el momento en que firmó un convenio con el municipio entre 1990 y 1991. El convenio establecía la compra por parte de la Municipalidad de los derechos de autor de una monografía donde Del prato detallaba sus prospecciones arqueológicas en la estancia La Guardia de Colonia Caroya, el descubrimiento de un asentamiento de pueblos originarios en “La isla” de Jesús María, y un mapa del río Jesús María donde detallaba los lugares en los que encontró restos arqueológicos.
Lo que no dice el convenio es que, con la entrega de la monografía, Del prato se desprendía de los 450 objetos que había alcanzado a tener su colección y estos pasaban a ser tenidos en guarda por la Municipalidad.
En ese momento, la operación se realizó por 6 millones de australes que en esa fecha permitían comprar 1047 dólares. Con la inflación que tuvo la moneda americana desde ese entonces en nuestro país, la cifra a valores de hoy sería de 2085 dólares.
De la lectura de parte de esa monografía se desprende que el hombre se definía a sí mismo como “coleccionista” y que nunca quiso usurpar el título de arqueólogo, aunque en los hechos demostró que lo era y que solamente un título lo diferenciaba.

Injusta desvalorización

Del prato participó de numerosas excavaciones arqueológica en Córdoba, por ejemplo, en Cerro Colorado y también lo hizo en otras provincias, bajo las órdenes de destacados arqueólogos de aquellos tiempos. Sus escritos son minuciosos en detalles, plagados de referencias, dibujos, croquis, mapas, y hasta fotografías.
Sin embargo, su trabajo se vio disminuido por varias causas. En 1990, el investigador principal de CONICET Carlos Gradin dictaminó que los objetos de la colección no tenían valor científico porque no habían sido documentados con la metodología y técnicas indispensables y que la colección podría tener valor ilustrativo o museológico de expresiones culturales regionales.
Entonces, ni siquiera Córdoba era considerada como una provincia interesante respecto de  posibles riquezas arqueológicas.
Casi 30 años después, muchas cosas cambiaron y la colección Del prato promete aportar muchísimo más que lo que pudo hasta ahora, mientras sigue vedada al público en un oscuro depósito de arqueología.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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