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Adrián Rolfo en busca del equilibrio

Desde hace un tiempo, incursiona en el rock balancing o stone stacking con el que prepara curiosas esculturas efímeras en sus ratos libres a orillas del río La Granja.

Un poco de casualidad, un poco de destino. De esa combinación nació la afición de Adrián Rolfo por apilar piedras sin respetar formas ni tamaños y con las que viene moldeando esculturas efímeras.
Duran en pie lo que quiere el viento, o lo que quiere Zoe, hija de Adrián. Y para armarlas no utiliza artilugio alguno: no las pega, no las ata, no las sostiene con nada.
Y para armarlas, se arma de paciencia. No hay otro modo. Concentración, manos firmes, y organización. Va probando posibilidades, armando encastres imposibles, redondeces contra filos, grande sobre chiquito, ocupando bastante tiempo antes de llegar a un triunfo.
Un lunes por la mañana, después de batir una espuma de naranja para su panadería/pastelería, carga unos criollos, mate, pasa a buscar a este cronista y lo lleva a su teatro de operaciones: el río La Granja.
A metros de donde viene construyendo su casa, comienza la ceremonia que incluye botas de goma y búsqueda de piedras con las que armar una de sus obras de Stone stacking o de Rock Balancing. La primera se logra 15 minutos más tarde, fracasa en un segundo intento, y vuelve al éxito en la tercera faena, con otras piedras. Después, hará puentecitos y contará que, tal vez, ese equilibrio que busca en las piedras es el que intenta también replicar en su vida. Lo dice manso, como es él. Y no hay razones para no creerle. Fuimos testigos de esa búsqueda.





Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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