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Mujeres abusadas por el pastor Peralta, aliviadas tras la condena a 16 años

Desde que iniciaron en cascada las denuncias a fines de marzo de 2018, vivieron un verdadero calvario que incluyó amenazas, burlas, desprecio y rechazo por parte de los familiares del ministro evangélico y también de otros excompañeros de fé.

Puntualmente a las 14 del pasado martes 28 de mayo, la Secretaría de la Cámara en lo Criminal de Octava Nominación procedió a leer el veredicto de la causa penal iniciada en contra del pastor evangélico Arturo Peralta (56).
Antes de eso, y al igual que durante todo el proceso, el juicio se ventiló a puertas cerradas. Dentro de la sala, los tres camaristas, los abogados (defensa y querella), el acusado y seis de las diez víctimas. El silencio se cortaba con navaja.
La secretaria fue leyendo la resolución que determinó que los hechos existieron y que el líder de la Iglesia Josafat fue penalmente responsable por ellos.  En ocho ocasiones, se le adjudicó el delito de abuso sexual sin acceso carnal agravado y continuado, y en dos ocasiones de abuso sexual con acceso carnal agravado y continuado.
Las mujeres abusadas presentes en la sala, seis de las diez denunciantes, ni siquiera emitieron sonido cuando escucharon: “...imponerle para su tratamiento penitenciario la pena de 16 años prisión... e inhabilitación especial por la mitad del tiempo de la condena, para desempeñar la actividad de Pastor de todo culto”.
Pero al salir al pasillo, donde esperaban parejas y familiares, algunas estallaron en llanto, otras dieron algún que otro grito, y absolutamente todas se mostraron felices por la decisión de los jueces.
Fueron allí esperando Justicia, con miedo la mayoría de ellas porque nunca había enfrentado  una situación semejante, y rogando ponerle fin a este capítulo triste de sus vidas que sólo fue menos amargo por el acompañamiento que se hicieron entre ellas, se hicieron familia, se dieron ánimo, se comprometieron a no aflojar, ni a reaccionar ante la agresión sufrida durante todo este tiempo.

Monumento a la resiliencia

Gran labor del estudio jurídico del abogado Carlos Nayi
“Se te cruzan un montón de cosas por la cabeza, pensás que te puede salir al revés, pero estamos contentas porque salió como esperábamos. No era como todos decían ni como él decía que era inocente”, señaló una de las mujeres abusadas.
Otra de sus compañeras añadió: “Ahora tenemos que mirar para adelante, no dar bolilla a esas personas que nos van a seguir molestando. Estos nos hizo familia, nos sentimos contenidas en el grupo y es bueno saber que podemos seguir adelante sintiéndonos más aliviadas, más tranquilas, y felices porque se hizo justicia”.
Finalmente, la tercera de ellas resaltó: “Con lo que nosotros nos animamos a denunciar muchas más mujeres se van a dar cuenta de qué clase de persona es el pastor porque no creían en nuestra palabra y sí le creían a su entorno familiar que se encargaba de seguir manipulando y tapando la verdad. Esta condena de la Justicia aclaró muchas cosas. No mentíamos, lo que nos pasó fue verdad, lo que vivimos adentro fue un calvario. Va a tener que pagar por todo el daño que nos ha hecho”.

Ni animal ni extraterrestre ni mensajero divino

Arturo Peralta jugó con su situación de poder, devenido de su rol de intermediario entre Dios y los feligreses, y produjo una conmoción al interior de su iglesia.
Pero ni siquiera la amenaza de quedar en “pecado mortal” pudo detener a las mujeres que se animaron a decir simplemente: “No es no”.
Y lo actuado no fue obra de ningún animal -ni hiena, ni chacal, ni lobo- sino la obra de una personalidad perversa que aprovechó vulnerabilidades para colarse como mensajero divino y sacar provecho para satisfacerse sexualmente, aunque ningún dios ni ninguna escritura consienta el abuso. Y la Justicia puso fin a sus fechorías y reivindicó a las denunciantes.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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