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Con una impresora 3D, creó un alfabeto inclusivo que asiste a los no videntes

Ezequiel Montagnino es técnico en mecatrónica y utilizó sus conocimientos para combinar un alfabeto común y uno braille e integrar a no videntes.

Por: Marianela Tabbia (De nuestra redacción)

“Chequelo” -como lo conocen familiares y amigos- se recibió el año pasado como técnico en Mecatrónica, después de dos años de estudio en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Brevemente, describió a esa rama de la ingeniera como el nexo entre la electrónica y la mecánica, y aseguró que la carrera le brindó herramientas para poder materializar sus ideas y, de paso, dar una mano a quien lo necesita.
Para culminar el trayecto académico, diseñó y construyó desde cero una impresora 3D con la que pudo crear una tabla en relieve que combina el abecedario en letra de imprenta mayúscula junto con su equivalente en braille. La integración de ambos sistemas de lectura permite el aprendizaje entre videntes y no videntes, hecho que fomenta la inclusión.
“La creatividad viene de la curiosidad. Desde chico he sido curioso. Me regalaban un autito y tenía que ver cómo funcionaba o qué tenía adentro”, se autodescribió. “Todo lo que hago –continuó- lo pienso ni bien me levanto. Un día quise aprender el violín, lo compré a la mañana y empecé a tocar. Otro día quise estudiar, así que me inscribí callado y arranqué. Todo lo hago así, soy muy impulsivo. Creo mucho en focalizarse en objetivos porque si vivís a la deriva nunca llegás a ninguno”.

Lazos 

Su gran asesor y amigo en este tipo de iniciativas es Juan Pablo Vega, quien toca la guitarra y el charango en el grupo Brisas del Norte. Fue transitando distintos escenarios cuando conoció a Chequelo y, así, nació una relación clave para crear nuevas ideas cuyo horizonte es la integración. Juan Pablo es licenciado en Psicología por la UNC y profesor de Informática.
Actualmente, está encargado de la investigación de nuevas tecnologías para personas con alguna discapacidad y en el desarrollo de nuevas tecnologías. En su condición de no vidente, es quien aprueba o desecha las ideas, en función de su funcionalidad.
“Con Juampi aprendí, por ejemplo, a ser agradecido de las cosas simples. Él es una persona que no se va a quejar del clima, del país, de la crisis, de nada. Vos lo ves y está todo el día haciendo cosas. Entonces el no hacer cosas depende de uno. Él es ciego y te puedo asegurar que hace más cosas que yo”, resumió Montagnino sobre su amigo.
El emprendedor caroyense explicó por qué optó por regalar las tabletas a personas con disminución visual, completamente gratis: “el pago más lindo es entregárselo a alguien y verle a esa persona la cara de alegría de que se le está simplificando un problema”.

Tiempos tecnológicos 

Desde su formación, analizó que si bien los avances tecnológicos están a la orden del día en cuanto a discapacidad quedan cuestiones por profundizar. “Todo el tiempo se están fijando en la comodidad para el ser humano ‘común’ por así decirlo, porque es el que más consume.
¿Quién se va a poner a trabajar en ellos si el porcentaje de ciegos es ínfimo y a nivel capital no son un negocio rentable? Yo rompo un poco con ese paradigma, en buena hora ojalá si algún día se me da poder vivir de mis creaciones, sería espectacular”, aseveró.
En cuanto a cómo esos cambios afectan la vida cotidiana, se mostró alentador aunque reconoció el impacto en el mundo laboral: “Se está perdiendo mucha mano de obra porque viene una máquina y te suplanta, pero también van saliendo nuevos trabajos que son los técnicos para solucionar cosas o el ingeniero para diseñar la máquina o el operario para que la maneje. Trabajos van a haber siempre, la gente dice que ahora vienen los robots y nosotros qué vamos a hacer, perdé cuidado que el robot lleva mantenimiento. El trabajo queda en la cabeza de uno, siempre hay cosas para a hacer”.


Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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