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En la antesala del hartazgo total

Esta semana circularon por redes sociales tapas de diarios de otros tiempos que nos recuerdan que este país es como una calesita...

Por más que demos vuelta, terminamos siempre en el mismo lugar. Parece un karma nacional ése de no poder salir de la calesita, y toda trayectoria parece conducirnos al mismo lugar, siempre.
Un gobernante nos asegura que estamos para una fiesta, con todos los chiches. Y la prolonga durante años, muchos años. Durante la fiesta, no preguntamos mucho, nos dedicamos a disfrutarla, a saciar todos nuestros apetitos, como si no hubiese mañana.
Y el gobernante que le sucede nos recuerda que a aquella “magnífica” fiesta hay que pagarla. Y nadie se preparó para eso, no había modo de adivinarlo, nos toma por sorpresa.
Y nos olvidamos de las matemáticas básicas que nos obligan a pensar que todo aquello que no cubre costos va a pérdida.
Durante la semana, la peor noticia fue saber que la pobreza se incrementó en 5 puntos porcentuales en un año, que por encima del 32% de los compatriotas son pobres.
Pero ésa tampoco es una noticia porque hace décadas que las cifras de pobreza rondan el 30 por ciento. Uno de cada tres de nosotros es pobre.
En un país que produce alimentos para satisfacer 400 millones de personas, 2,7 millones son pobres. Irónico ¿no?. O decididamente triste.
Es como si necesitásemos un terapeuta colectivo que nos ayude a indagar sobre el porqué de repetir tontamente las tonteras de siempre, de desperdiciar las oportunidades, de parecer condenados a la peor dirigencia, la menos apta, la menos idónea, y la más acomodaticia.
Las tapas de los diarios del pasado no hicieron más que sumergirnos en otra nueva amargura. El desafío es pensar en que vendrán tapas nuevas con otras noticias y trabajar para que eso finalmente ocurra.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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