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Revelaciones sobre la vida de las comunidades originarias de Cerro Colorado

El lugar fue un paisaje intensamente poblado mucho tiempo antes de la llegada de la conquista española, en el siglo XVI. Evidencias materiales revelan que la población desarrolló prácticas agrícolas.

Estas son algunas de las conclusiones a las que llegan distintas disciplinas científicas, reunidas en un proyecto que estudia el modo de vida de los grupos prehispánicos que ocuparon la localidad ubicada en el noroeste de nuestra provincia.
La hipótesis de la existencia de una población relativamente estable viene abonándose desde 2012, cuando el Equipo de Investigaciones de la Sierra del Norte comenzó a realizar excavaciones en diferentes sitios arqueológicos dentro del “Estudio contextual del arte rupestre del Cerro Colorado (Sierras del Norte, Provincia de Córdoba), en el marco de los procesos históricos locales y regionales”.
Este equipo está integrado por profesionales de distintas disciplinas, entre las que cabe mencionar: arqueología, etnobiología, palinología y etnohistoria.
La creencia en que una población permaneció en el lugar durante mucho tiempo cobró fuerza con el hallazgo de un espacio de enterratorio comunitario. Los restos óseos humanos estaban dispuestos de distintas maneras y a diferentes alturas en un mismo sector de sedimento.

Lugar de residencia

“Cerro Colorado está proporcionando valiosa información sobre los modos de vida de estas comunidades, lo cual nos permite no solamente comenzar a caracterizar las estrategias sociales desarrolladas en la zona, sino también plantear claras diferencias con los grupos que ocuparon otras regiones serranas cordobesas en épocas prehispánicas”, señaló Andrea Recalde, directora del Equipo e investigadora del CONICET.
En la Reserva Cultural Natural Cerro Colorado, la arqueología identificó más de 50 sitios con arte rupestre en las laderas de los cerros. Además de numerosas áreas de molienda -donde los grupos humanos procesaban principalmente vegetales-, espacios residenciales o poblados en asociación a las márgenes del río Los Tártagos y los arroyos tributarios La Quebrada, Aguas de Figueroa y Los Molles. Asociados a estos, terrenos potencialmente cultivables, es decir que pudieron ser empleados como espacios de chacras, sostiene la arqueóloga Andrea Recalde.

Recursos vegetales

Lo que despertó el asombro en el equipo de investigación fue el hallazgo de “recursos vegetales cultivados y silvestres sin precedentes para la región serrana cordobesa, que se suman al maíz, el zapallo y el poroto presentes en otros sitios arqueológicos de la provincia”.
Por primera vez en la arqueología local, se produjo el hallazgo de tubérculos que permiten sostener que hubo cultivo, presumiblemente, de papa, batata o mandioca.
“La imposibilidad de determinar una especie en particular es porque aún faltan evidencias concretas, a través de la identificación de rasgos diagnósticos que cada tipo de tubérculo presenta, que nos permita afirmar la producción y consumo de dichos recursos subterráneos”, completó la arqueóloga Laura López, también investigadora del CONICET.
“La información recuperada en las tareas de campo nos habilita a confirmar el cultivo de quinoa para nuestra región, dado que hasta el momento solo contábamos con los datos proporcionados por los documentos españoles del siglo XVI”, valoró López.
¿Desde cuándo se habría producido la ocupación en Cerro Colorado? Recalde respondió: “Los fechados radiocarbónicos, realizados sobre fragmentos de carbón vegetal que fueron recuperados de un fogón, y a un grano de maíz, nos permiten afirmar que los sitios residenciales estuvieron ocupados, probablemente de manera intermitente, entre el 700 y el 1550 de nuestra era”.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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