Último momento
recent

Familia Sangoy: 50 años amasando el pan para Colonia Caroya y Jesús María

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

Todo comenzó en 1968, cuando Víctor Sangoy tenía 16 años. “Vivíamos en Puesto Viejo. Mi padre José (“Pepito”) trabajaba en el campo y Don Cacho García (repartidor de pan) nos comenta que estaba pensado en vender su panadería porque no andaba bien de salud. Mi padre le dijo que si se decidía le avisase. En esa época el campo no redituaba mucho”, comienza narrando Víctor, y agrega que finalmente García le preguntó a su padre si le quería alquilar la panadería y Pepito aceptó… sin saber nada de panadería.
- Primero alquilamos, y después mi viejo nos consultó si comprar (a él, mamá y hermana). Yo había terminado el secundario, no quería seguir estudiando, y si no iba a la panadería tenía que ir de empleado, así que decidimos comprarla. Al principio dos empleados hacían el pan, y mi padre repartía. Entonces sólo se repartía. “Los únicos que iban a comprar al negocio eran algunos vecinos antes de irse al campo”, cuenta, y evoca a aquél Víctor adolescente que repartía y cuando terminaba, se metía de lleno en los secretos de panes, criollos y “corderos”… toda la “oferta” de esa época.
- Íbamos casa por casa con la canastita. En el Citroën. Anotábamos en la libreta. Había esa confianza. En el ´68 sólo había tres panaderos en la Colonia: García (luego nosotros), Tognocci y Quinteros. 

¿Cómo era el ritmo de trabajo?
_ Se repartía desde las 6 y media de la mañana hasta mediodía. A las tres, a hacer el pan hasta las ocho y media de la noche, y a las dos y media de la mañana el maestro panadero lo cocinaba. Antes se ponía en palas; la mitad del horno para el pan y la mitad con el fuego más fuerte para los criollos.

Sacrificado… 
- En panadería no puedo dejar para mañana lo que empecé ahora. Se empieza y se tiene que terminar. Se trabajaba de lunes a sábado. El viernes a la tarde era un loquero porque había que hacer pan para dos días. Cuando hacíamos el pan con Mirian, durante 3 ó 4 años, llevábamos a los bebés. Era un trabajo muy esclavo. Teníamos bateas para mezclar la masa, pero había que sobarlo, cortarlo en tiras, hacer los bollitos, unirlos, ponerlos en las bandejas y atender el horno. Si habremos pegado bollos… Ahora los marca una máquina. He sido uno de los pioneros con los hornos rotativos. En el ´90 tuve el primero. Recuerdo la fecha porque lo pusimos en funcionamiento a la tarde, y al día siguiente nació mi hija.

El hoy 

Víctor está casado con Mirian Clara (ex concejal de Colonia Caroya). Tienen 4 hijos: David, Guillermo, Mariángeles y María Laura. Prácticamente retirado de la actividad, hoy las tareas se reparten entre David y Guillermo (al frente de la panadería), Mirian y Natalia, esposa de David (en Personal), y Mariángeles (Administración).
- Les dije a los chicos: háganse cargo; lo mío ya está hecho. Pero me gusta porque me consultan, sobre todo si piensan en alguna innovación. A esta altura uno no sabe si va a durar 24 horas o 20 años, así que lo poco o mucho que nos queda, a disfrutarlo. Descansar, viajar dentro de lo posible, y sobre todo estar con nuestro nieto Valentín (4 años).

De las épocas de reparto debe haber mil anécdotas… 
- ¡Nos enterábamos del chusmerío del pueblo! –ríe. Como nos conocíamos todos, llegabas a una casa y te contaban lo que le había pasado a uno u a otro. Llevábamos y traíamos noticias. Y las veces que nos esperaban con un mate… Mi viejo no sé la cantidad de mates que habrá tomado…

¿Muchas tandas de pan arruinadas? 
- ¡Sí! Por ahí se olvidaban de ponerle sal y recién se daban cuenta cuando estaba cocinado. En esa época, para darle fuerza al leudado, se utilizaba bromato. A veces se olvidaban y el pan no leudaba. ¡Quedaban como chancletas!

¿Cuándo empezaron a diversificarse? 
- En el ‘92 empezamos con factura, pizza, criollos, y cuando en el ‘99 abrimos la que hoy es la central, empezamos a hacer de todo… Hoy, ni idea cuántos productos elaboramos…
  Un largo y esforzado camino que redunda en una casa central (Av. San Martín 3201) y 4 sucursales (una en Jesús María y el resto en Colonia Caroya, en una de las cuales funciona una moderna confitería).
- Estoy orgulloso de mi panadería porque -aparte de que la recibí como herencia de mi papá, en el ´87- por un problema, tuvimos que volver a empezar. O sea que todo lo que hoy se ve; todo lo que tenemos, lo hicimos mi señora y yo. Nadie nos regaló nada. 
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.