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Mujeres rurales, tan cerca y tan lejos de casi todo

Por: Liliana Maestri (Lic en Administración, Diplomada en Género, en Trata de Personas, y en Sociología Electoral).

El  15 de Octubre, asistí al Primer Encuentro de Mujeres Rurales que se realizó en  Atahona, departamento Río Primero, provincia de Córdoba. La fecha de la convocatoria no fue accidental, más allá del día feriado que marcaba el almanaque.
El 15 de Octubre fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 62/136 de Diciembre de 2007, como “Día Internacional de las Mujeres Rurales”.
Participaron 71 mujeres rurales de Atahona, Las Bandurrias Norte, Pozo de Agua, Obispo Trejo, Isla Larga, Colonia Caroya y Esquina, bajo la organización de la Sociedad Rural de Jesús María y la Comuna de Atahona.
Me dispuse a compartir una jornada con las expectativas de un estreno, más allá de mis experiencias en reuniones con mujeres y mi nacimiento y niñez atravesados por la vida campesina. Así lo viví desde el momento en que llegué al lugar.
La convocatoria se fundó, además de compartir la celebración del día, para aportar herramientas que fortalezcan a las mujeres rurales como emprendedoras y para visibilizar y reconocer a las mujeres rurales en sus espacios territoriales. 
Dos ingenieras Agrónomas coordinaron el encuentro, aunque asistidas por tres o cuatro mujeres, muy dispuestas y en colaboración permanente. Todo se desarrolló de forma muy metódica y, supongo, dejo satisfechos a los organizadores.
Transité emocionalmente distintas situaciones. Evalué teórica y racionalmente otras tantas. Podría escribir prosa poé- tica y también un “paper” válido para una entrega académica. Pero no pretendo que este escrito sea ni lo uno ni lo otro.
Simplemente quisiera dejar testimonio sobre la realidad con la que me encontré y regresé. Tuve oportunidad de participar en uno de los cuatro grupos de trabajo que se formaron. Escuché y participé. Pero por sobre todo, “toqué” la realidad que tantas veces cuentan (u ocultan) los medios. Y es una realidad fulera, muy fulera.

Precariedad tan cercana

La ruralidad de esta zona de la provincia es poco más que la descripta por José Hernández durante la segunda mitad de 1800.
No hay caminos, no hay agua, no hay electricidad. Eso implica que nada de lo derivado exista. No hay centros de salud. No hay tecnología. No existen posibilidades de capacitación.
Y allí está la mujer rural, casi como una subcategoría de mujer. Ellas repitieron sus deseos de ser “iguales” a las “otras” mujeres. Tener sus mismas chances. Guardo la añoranza de una de ellas de tener “una peluquería cerca”… que sonó divertido, pero… ¡qué triste resulta!
Para quien no conozca el territorio, válido es aclarar que estamos a menos de 100 kilómetros de Córdoba Capital, a 50 kilómetros de Jesús María.
No estamos en las Salinas, ni en la Puna o en el Impenetrable. Estamos en la provincia ranqueada en el segundo lugar productivo del país. Estamos en la provincia donde la empresa de energía provincial (EPEC) considera antieconómico plantar unos pocos palos y colgar un cable que transporte calidad de vida,  aunque la conexión pueda habilitarse desde menos de 5 kilómetros del lugar. 
Estamos en un espacio geográfico donde el acceso al agua, en el paraje Las Bandurrias, se dio por un trabajo conjunto entre la comuna de Atahona y la delegación INTA Río Primero en un novedoso sistema que extrae agua a través de un mecanismo que se alimenta de paneles solares.
Mientras, numerosos pueblos pequeños siguen “esperando”, inmersos en la aridez del terreno, años de sequía y las dificultades que de esas condiciones devienen. Siguen haciendo kilómetros para conseguir agua en dudosas condiciones de potabilidad o juntando agua de lluvia, en aljibes.

Tanto para decir

En este punto, me detengo, me interpelo, me discuto. Yo quería escribir sobre la Mujer Rural ¿qué decir sobre esa Mujer inmersa en esta jodida realidad?...
Leo la declaración de la ONU que reconoce “la función y contribución decisiva de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural” y la contrasto con esta realidad del norte cordobés profundo hasta que se me escapa, definitivamente, el hilo de escritura.
Y entonces, concluyo. Porque duele demasiado, porque no entiendo, porque tengo que ser “políticamente correcta” y evitar exabruptos y palabras soeces contra quienes tiene la responsabilidad primera y funda- mental sobre estos temas. Porque están geniales las “campañitas” y jornadas sobre mujeres, género, políticas inclusivas, y tantas más, pero si eso no se acompaña con acciones concretas que cambien la vida de la gente… el voluntarismo no sirve para nada. Un discurso sin hechos, no sirve. Sin oportunidades, ningún homenaje tiene sentido.
Como mujer de origen rural, siento un orgullo infinito por ellas, me engrandecen y me enseñan. Aún en la adversidad más adversa, siguen, no se detienen y van por más. Vaya para todas ellas, mi humilde pero sentido homenaje
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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