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Me jubilé... Y ahora, ¿qué hago?

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

Etimológicamente, la palabra jubilación proviene del término latino "iubilare" que significa “gritar de alegría”. Sin embargo… ¿en todos los casos "gritamos de alegría" cuando dejamos de trabajar? Sin duda,  es un gran placer retirarse de un trabajo que nos oprime, pero, ¿qué pasa cuando éste nos enriquece y aún no nos pesa? La Lic. y Prof. Jimena Guma, Esp. en Psicología Clínica (M.P. 7791) considera que durante largos años solemos anhelar que llegue la jubilación para disfrutar del tiempo libre, pero, se pregunta, ¿estamos preparados para eso?
- La palabra “jubilación” tiene una connotación positiva y una negativa. Desde la positiva significa “haber pasivo del que disfruta la persona jubilada”, y desde la negativa implica eximir del servicio por razón de ancianidad; algo así como desechar una cosa por inútil. La manera en que cada uno va a vivir esta nueva etapa de la vida depende exclusivamente de cómo la mire y acepte.
O sea: hay que engancharse con la definición positiva… 
- Es común que muchas personas que se jubilan caigan en depresión o estados de angustia. Esto es consecuencia de la falta de un periodo de transición entre la vida activa y rutinaria a la vida pasiva, donde las actividades cambian de repente, y aumenta considerablemente el tiempo de ocio. Poner el despertador todos los días y tener objetivos que cumplir marca una rutina. Pero si la jubilación nos “sorprende”, pareciera que el despertador ya no tiene sentido. Además, el mismo hecho de jubilarse es muy estresante.
Lo cierto es que cuando uno se jubila ya no tiene que cumplir horarios… 
- Claro. Y por eso la persona puede sentir que está a la deriva: de golpe no tiene obligaciones, no sabe qué hacer, y eso la sumerge en una angustia que puede llegar a transformarse en depresión.
¿Se siente extraño?
- Sí, porque la vida sigue ocurriendo. El resto de la sociedad sigue funcionando a través de rutinas, y es sólo el jubilado el que modificó la suya. Simplemente parece imposible encontrar qué hacer con tanto tiempo disponible.
A ese estado de angustia se le suma cobrar menos dinero…  
- Sí; si al cambio de horarios y rutinas le agregamos una disminución  de los ingresos, la pérdida del contacto social diario con los compañeros y la disminución de las actividades diarias, a una persona que no puede aceptar esta nueva etapa la afectará negativamente y esto repercutirá en su estado de ánimo, lo cual se trasladará a su calidad de vida y a su satisfacción en general.

La mejor solución: prepararse

- Si lo pensamos bien, la jubilación es un trámite burocrático que no necesariamente implica que nos quedemos sentados en un sillón viendo pasar la vida…
¿Cómo se puede evitar que suceda esto?
- Es recomendable que cuando uno sabe que le falta un año para jubilarse empiece a dar formar en su cabeza a la idea, y paralelamente que comience a evaluar cómo quiere vivir a partir de ahí. Se trata de pensar en qué actividades quiere desarrollar; quizá las que viene postergando por falta de tiempo. Hay que planear con anticipación a qué dedicar el tiempo libre. Esto es prepararse emocional y psicológicamente para evitar generarse expectativas falsas. Y por supuesto siempre es recomendable consultar con profesionales en Psicología que puedan asesorar y acompañar en el proceso.
Seguir trabajando en algo después de jubilarse, ¿es una buena alternativa?
- A algunas personas les funciona muy bien. Se recomienda que quienes disfrutan de su trabajo y no padecen estrés o presiones que disminuyan su calidad de vida, sigan trabajando en menor cantidad de tiempo y de manera más relajada.
¿Otras opciones? 
- Siendo realistas en posibilidades físicas y de la realidad económica personal, se pueden comenzar actividades que siempre nos gustaron pero no encontrábamos el momento para realizarlas: gimnasia, natación, clases de baile, pintura, canto o cualquier actividad recreativa.
No hay que aislarse… 
- Sí, es fundamental mantenerse socialmente activo. Los centros de jubilados locales ofrecen una variedad amplia de actividades físicas, recreativas, culturales, de turismo e incluso de estética o en medicina, accesibles para el presupuesto de las personas jubiladas. Siempre es bueno acercarse y consultar qué propuestas brinda cada centro.
¿Y si resulta muy difícil “descubrir” qué actividades brindan placer?
- Hay que darse tiempo, tener constancia, y si no nos gusta probar con otra alternativa. Pero nunca abandonar y dejar mucho tiempo sin nada que hacer. Ahí está el gran error: si tenemos demasiado tiempo libre y no sabemos qué hacer, probablemente comencemos a tener pensamientos negativos a causa del aburrimiento.
Pero tampoco es cuestión de “llenar la agenda”… 
- Claro que no. Se sugiere organizar sólo dos o tres actividades porque después deberemos mantener constancia en ellas. También es importante organizar los horarios para tener una rutina de sueño saludable. Es recomendable levantarse temprano y acostarse temprano: si comenzamos a acostarnos tarde y levantarnos tarde porque no tenemos obligaciones  generaremos un círculo vicioso difícil de revertir.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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