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Los juegos olímpicos de la juventud por dentro

Miles de personas asistieron a los parques, respiraron juventud, culturas de otros países y deportes olímpicos. Pero toda contienda internacional tiene su detrás de escena, que te cuento acá en exclusiva.

Por: Christian Pacheco (Estudiante de 4º Año de la Lic en Comunicación Social de la UNC)

Desde un departamento de Once, viajé durante algo más de una semana en el 115 hasta el parque olímpico de Villa Soldati. Subía, mostraba la acreditación y viajaba gratis. Eran 40 minutos de nervios, ansiedad, y felicidad. Todos los días debía repetir el mismo ritual.
En el parque tenía que pasar por un puesto de seguridad para evitar que ingresara con algún elemento prohibido. Me sacaron un desodorante y no me dejaron llevar el mate. En el centro de voluntarios me registraba todas las jornadas y recibía mi vianda. También había un sorteo. Lo único que tenía que hacer era embocar una pelota de papel y cinta en un aro de plástico. Siempre la embocaba. Por un momento me sentía Ginóbili, pero me iba derecho a mi trabajo.
Los voluntarios tenían tareas especificas en áreas determinadas. Lo mío eran las operaciones de prensa. Había que ayudar en cualquier circunstancia a los medios de comunicación. Hacerlos sentir cómodos, diferenciar los fotógrafos de medios privados y del comité olímpico internacional, ubicarlos en los sectores permitidos de cada disciplina. Los periodistas tenían acceso a una platea en la tribuna, una zona mixta para entrevistar a los atletas y la photo position para los fotógrafos acreditados. También estaba el centro principal de Prensa (MPC) con siglas en inglés donde los medios podían trabajar cómoda y libremente.
Dentro del parque pasó de todo. El domingo 7, cinco mil personas hacían fila para entrar al Pabellón América. Aunque sólo había lugar para 1500 espectadores, el público esperaba paciente una oportunidad para ver disciplinas como gimnasia artística, rítmica, anillas, entre otras. Mi primer día fue el más complicado por la desorganización y falta de preparación. Hubo gritos, empujones, y hasta golpes hacia voluntarios porque el público, intranquilo, quería entrar, tras de varias horas de espera. Excepto ese día, los demás fueron más tranquilos y nos sirvió de experiencia.

Una experiencia inolvidable

También viví momentos positivos, por ejemplo, con la natación en el centro acuático. Fueron días de mayor trabajo porque había una esperanza argentina en obtener una medalla con Delfina Pignatiello. La gente, exultante, gritaba y gritaba sin parar cada vez que nadaba 50 metros. Cuando concluyó sus carreras fue de película, emocionante, increíble. Su imagen en el podio y la dedicatoria a su abuela, como muestra de amor y humildad.
Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) estuvo presente el día de taekwondo. Fui una estatua porque si me movía sentía que molestaba al jefe de los jefes. Ese día crucé palabras y opiniones sobre deporte con un europeo que resultó ser el entrenador de una deportista que había ganado medalla hacía 4 años.
El sábado 13 fue mi cumpleaños, pero no se lo conté a nadie porque me enfoqué en el trabajo. Era día de lucha olímpica. Poco sabía, pero con el pasar las horas, aprendiendo sus secretos, me fue gustando cada vez más. Recuerdo la rabia del periodista de TyC Sports, Guido Bercovich, porque no le dejaban relatar en vivo las peleas de la argentina Linda Machuca. Ese sábado, el último combate fue el de ella cuando ganó la medalla plateada y subió al podio.
Les cuento un secreto, pero que quede acá. Una de mis funciones era asegurarme que los medios no grabaran ni sacaran fotos durante los entrenamientos. Me aseguré de eso, pero yo lo hice. Colocaba mi celular y grababa cada momento que podía. Entrenamientos de gimnasia, saltos ornamentales, karate, boxeo. Todo. No dejaba un rastro. Eso sí, me aseguraba de no molestar a los protagonistas.
Un día me regalaron un flan sólo porque a un entrenador ruso lo ubique en su asiento amablemente. Otra vez un periodista polaco me obsequió un pin por dejarlo pasar a sacar una foto de un atleta polaco en ceremonia. Durante el tiempo en que estuve, me gané varios pines y cada uno guarda un recuerdo especial de quien me lo obsequió.
En la Villa Olímpica presencié un común denominador: gente en largas fila, observando algo grande, espectacular, gratis. Personas de otros países y continentes. Miradas encontradas entre el público y los atletas argentinos para sacarse aunque sea una foto de recuerdo.
El 15 fue mi último día, no quería despedirme, quería quedarme. El 16 tuve que volver a mi querida Jesús María y recordar cada detalle sobre estas historias, los detrás de escena de este evento internacional que, al principio, parecían no tener ningún prestigio o importancia. Sin embargo, fueron por lo menos por un rato mi más linda experiencia a nivel mundial.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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