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Aprender a escuchar al otro: ¿una virtud en vías de extinción?

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

¿Sabemos realmente escuchar? ¿O sólo nos limitamos a oír lo que nos dice el otro sin prestar atención a lo que siente? ¿Qué solemos hacer cuando alguien nos cuenta algo que le pasa? Las más de las veces buscar la mejor solución para ofrecerle, y a veces, en nuestro apuro por “ayudar”, interrumpimos antes de tiempo para acercar esa sugerencia que creemos tan oportuna… ¿Qué es escuchar? ¿Cuáles son los puntos básicos de una comunicación respetuosa; asertiva?  La Lic. María Sol Altamira (M.P.3151) considera que en general creemos que escuchamos, pero en realidad sólo interpretamos lo que la otra persona nos dice.
- Escuchar al otro es mirarlo a los ojos, es acompañarlo con atención y amabilidad, intentando comprender profundamente lo que piensa y siente. Por el contrario, interrumpirlo continuamente y brindarle decenas de consejos quizá no sea lo que la otra persona necesite en ese momento.
¿Será que no entendemos que lo que el otro necesita es que nos pongamos en sus zapatos para entender, desde su perspectiva, lo que necesita?  
- “Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”, afirma Goethe. El poeta y científico lo expresó en su tiempo, y vemos que aún hoy es necesario continuar reflexionando acerca del significado de esta frase, y sobre todo acerca del significado de la comunicación.
¿Se trata de la diferencia entre oír y escuchar?
- Exactamente. Sabemos que oír implica percibir con el oído un sonido o lo que alguien dice.  En cambio, escuchar es poner atención o aplicar el oído para oír (a algo o alguien).
Es una acción voluntaria que implica intención, mientras que para oír no hay que poner ninguna intención.
Un ida y vuelta… 
- Claro, hablamos para ser escuchados. La escucha valida el hablar, y escuchar no es sólo el acto de oír, sino de comprender e interpretar lo que nos dicen. Si sólo hablamos desde nuestra perspectiva, no estamos comunicándonos. La comunicación depende de dos: uno se da, se expresa o bien pide, y el otro entiende. Y así recíprocamente.
¿Cómo es una persona con buena escucha?
- Para que esta habilidad funcione es preciso mirar a la persona que habla, y no hacer otras cosas a la vez. Escuchar no sólo las palabras del mensaje, sino el tono, los sentimientos que transmite, prestar atención a las señales no verbales y mantener contacto visual.  Pero sobre todo, antes de manifestar acuerdo o desacuerdo, esperar que termine lo que tiene que decir.
¿Por qué nos apresuramos a dar consejos y opiniones?
- Quizá porque en lugar de disfrutar del encuentro con el otro, intentamos manipularlo o competir con él. Tal vez por eso a veces avasallamos con nuestro punto de vista o perspectiva sobre el aspecto que se está compartiendo.
Tener una buena escucha es entonces una gran virtud… 
- Más que una virtud, desarrollar una buena escucha es un arte. Es el arte de estar presentes junto a otra persona en el momento del encuentro que posibilita la palabra.

Experiencias desafortunadas

  • Atilio (41) recibía permanentemente recibía críticas de su esposa del estilo: “Vos no me escuchás”. Obviamente, Atilio estaba convencido de que sí la escuchaba. Y Marta -también convencida de que él no la escuchaba como ella necesitaba que la escuchara- no sabía cómo explicárselo.                                                                                                                                    Hasta que un día vio clarito lo que le pasaba: cuando le contaba algo, apenas comenzaba él la interrumpía con comentarios y acotaciones. Cuando lograba seguir hablando, nuevamente la interrumpía –esto se repetía dos o tres veces por lo menos- y finalmente –si lograba terminar de narrar lo que deseaba- su marido sacaba de la galera los mil y un consejos… que –vale aclararlo- podían ser muy útiles para su manera de ver la vida, pero no para Marta, que a lo único que aspiraba era a compartir con él algo que le había pasado y sentir su empatía. 
  • Laura (35) y Alejandra (36) son amigas desde hace muchos años. Pero últimamente Laura siente que algo no anda bien… “No me escucha”, piensa cada vez que le cuenta algo que para ella es importante. Es que Alejandra, además de ser una persona que recibe una llamada tras otra en su celular –a las que atiende sin excepción “porque son de trabajo”- se dispersa con cualquier cosa; está más pendiente de lo que pasa alrededor (en una confitería por ejemplo) que de lo que Laura le está contando. “Si no me mirás a los ojos es como que no me escuchás”, le dice a su amiga. “Tontita, claro que te escucho”, dijo Alejandra, y acto seguido atiende la tercera llamada telefónica de los últimos quince minutos. Que cada uno saque sus conclusiones, y sobre todo, que cada uno haga su auto-reflexión sobre la relación entre la dependencia de los teléfonos celulares y una buena escucha.    
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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