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Bebés y andadores… ¿sí o no?

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

Aproximadamente al año de edad el bebé comienza a estar preparado para caminar; algunos más temprano, otros más tarde. En esta etapa es común que los papás lo provean de un andador para estimular la marcha. Sin embargo, los médicos lo desaconsejan. El pediatra Diego Almada es claro: Siempre les digo a los papás: “No pienses que tu hijo NO es capaz de…”. Varias veces he escuchado: “Me di vuelta y…”, “Me distraje un segundo...”. “Nunca lo había hecho antes”. Pero tengamos presente que para todo siempre hay una primera vez.
Almada advierte: Los accidentes en la infancia representan un verdadero problema de salud.  ¿Por qué exponerlos si lo podemos evitar?. El uso del andador es absolutamente desaconsejable debido a razones probadas. Las sociedades científicas mundiales adhieren a esta recomendación. Las razones básicas son que está demostrado que el niño a esa edad no tiene madurez para ser consciente de su uso y esto lo expone a riesgos de accidentes, principalmente debido a la velocidad que desarrolla, pudiendo desplazarse rápidamente a lugares fuera del alcance de la vista de sus cuidadores y provocar caídas, intoxicaciones con productos del hogar, quemaduras o accidentes por injuria eléctrica, entre las que recuerdo, explica. Además –remarca- existe una falsa creencia de que el andador facilita el inicio de la deambulación. Por el contrario: la retrasa.

Buenos motivos

  • Con el andador el niño se desplaza en posición semisentada por el impulso de sus pies, sin mover sus brazos al compás de las piernas. Esto retrasa el logro del equilibrio para cuando dé sus primeros pasos. 
  • Con el andador el niño camina hacia los lados y no de frente, y en puntas de pie; postura no deseable que puede mantener varios meses después de aprender a caminar. Con el andador el niño no camina: se desliza arrastrándolo. 
  • Usar el andador “para que aprenda a caminar más rápido” es un error: se saltea la etapa del gateo, conducta fundamental para el desarrollo evolutivo. El proceso de caminar debe darse naturalmente. El gateo tonifica los músculos y, cuando el niño esté maduro para permanecer de pie, podrá mantener su columna recta. Con el andador se fuerza el proceso. 
  • Ese espacio del que no puede salirse brinda una falsa sensación de seguridad. Esta especie de “sillita con ruedas” puede provocar accidentes si el niño no cuenta con supervisión permanente, aunque sea por segundos: el andador permite que se desplace a gran velocidad -puede recorrer 1 metro por segundo-, pudiendo acceder a objetos habitualmente fuera de su alcance. Las estadísticas señalan accidentes con una frecuencia del 12% al 50% relacionados con el uso de andadores. Lesiones habituales: golpes en la cabeza (vuelcos o caídas de escaleras), lastimaduras, fracturas, luxaciones dentarias, atrapamiento de dedos, hematomas, ahogamiento, envenenamiento por sustancias tóxicas, y quemaduras, entre otras. Y un dato alarmante: la mayoría de las lesiones ocurren en presencia de los padres o cuidadores.

Cada niño tiene sus propios tiempos de maduración y hay que respetarlos. Pretender acelerar sus logros puede ser contraproducente, recomienda Almada. En lugar del andador, es mejor usar una lona en el piso, corralito, pisos de gomaeva encastrados o gimnasios. Todo esto fortalece su motricidad, maduración y habilidades.

Más datos: Sociedad Argentina de Pediatría Córdoba (www.sapcordoba.com.ar).
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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