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La enseñanza oculta detrás de nuestros errores



Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

¿A quién le gusta equivocarse? Ante un error algunos podemos llegar a ser muy duros con nosotros mismos; otros quizá seamos más benévolos, pero lo cierto es que nadie disfruta de equivocarse. Sin embargo, los humanos no sólo estamos sujetos a aciertos y errores, sino que tenemos la gran ventaja de poder aprender de esas equivocaciones para no volver a cometerlas. Como dijo el filósofo chino Confucio (551-478 AC), “El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”.
Reacciones más frecuentes:
• Atribuir el error a algo o alguien externo, intentando desligar responsabilidad. Este es el principal impedimento para aprender porque no se reconoce el error.
• Negar haber fallado. Aún expuestos a la evidencia del error se intenta negarlo. Esto también impide aprender del error cometido y, por supuesto, corregirlo. Negar una falla quizá nos exima –a veces- de sufrir sus consecuencias, pero lo cierto es que la madurez implica reconocerlos y aceptarlos para enmendarlos.
• El otro extremo: los que se auto-incriminan ante el más mínimo descuido y a  veces, para no generar discusiones, asumen responsabilidades ajenas. En general son personas demasiado exigentes consigo mismas y si las cosas no salen “perfectas” no se lo perdonan. Esta actitud tampoco permite aprender de los errores porque culparse en forma automática no posibilita un análisis profundo de la situación.

Causas
¿Por qué cuesta aceptar los errores? “En algunos casos puede tratarse del miedo o vergüenza -quizá implantados en la niñez- de que equivocamos nos hace débiles o incompetentes. Tal vez hemos sido educados en la falsa creencia de que las personas inteligentes y capaces no se equivocan”, apunta la psicóloga María Gabriela Corthey (MP A3286) y advierte: “El miedo a equivocarnos puede paralizar nuestra iniciativa y creatividad. Este miedo no es algo natural, sino inculcado. Mayormente, el sistema educativo actual penaliza el error en lugar de aprovechar su potencial de aprendizaje, y de este modo no favorece el pensamiento lateral tan necesario para generar soluciones alternativas y resolución de problemas de manera creativa e imaginativa, pues establece que todo lo que se aleja de lo considerado como acierto es un “fracaso”. Este planteamiento de la enseñanza no sólo reduce las posibilidades de aprendizaje, sino que además genera miedo a la equivocación y frustración, lo que deriva en desmotivación.
 
Aprendizaje
La Lic. Corthey considera que si bien equivocarse puede resultar poco agradable, deberíamos tomar en cuenta que los errores pueden cumplir con la misión de ayudarnos a madurar. “Sería bueno que nuestras equivocaciones sirvan para intentar no repetirlas”, enfatiza. “El error -explica- es un elemento inherente al propio aprendizaje. De hecho, grandes hallazgos del ser humano han venido de la mano de un error, por lo que es fundamental desprendernos de la idea de que equivocarse es fracasar. Se llama serendipia al descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando una cosa distinta. La serendipia enseña a no despreciar los errores sin analizarlos con detenimiento porque detrás de ellos puede haber valiosas enseñanzas que sirvan de inspiración y que nos solucionen otros posibles conflictos o problemas”. Corthey recuerda que grandes hallazgos de la humanidad ocurrieron gracias a una falla y al aprovechamiento de esa falla: los rayos X, el endulzante artificial, el celofán, la penicilina, el teflón, el velcro, el microondas, entre otros.
“El error es un aviso. Un desaprobado en un examen, por ejemplo, es un aviso de que la forma en la que hemos estudiado no era la correcta. O sea que conforme vamos adquiriendo recursos, el hecho de equivocarse pasa de ser algo fatídico, a ser una dificultad, para terminar siendo una oportunidad de crecimiento. La carga de querer ser perfectos es muy grande y el miedo a cometer errores dificulta tomar decisiones”, concluye la psicóloga.

Permitamos que los niños cometan errores
“Yo no fui”: una de las frases por excelencia de los niños. Cuando descubren que si cometen un error hay consecuencias, rápidamente aprenden a deslindar su responsabilidad. El problema es que si los padres no los ayudan a hacerse cargo de sus actos –haciéndoles entender que toda acción, buena o mala, trae consecuencias- este “Yo no fui” puede transformarse en hábito, y es probable que de adultos mantengan la costumbre de negar sus errores, lo que puede acarrearles problemas en todos los ámbitos: personal, laboral, social, etc.
“Es conveniente ayudarlos a pensar que el error y el fracaso son parte del aprendizaje y de los futuros logros”, dice la Lic. Gabriela Corthey. Si queremos que nuestros hijos se enfrenten con seguridad a los desafíos, es mejor que vivan el error de una manera constructiva y no evitándolo a toda costa. Hay que transmitirles que pueden permitirse cometer errores y perdonarse. El ser humano tiene la capacidad de adaptarse y superar las limitaciones de su entorno. “Si somos capaces de tener un cerebro más plástico podremos ser lo que queramos ser. Los niños tienen mayor facilidad que los adultos para trabajar su cerebro; por eso es importante brindarles herramientas para enfrentarse a la vida y para tolerar la frustración, enseñándoles habilidades para desafiar problemas”, concluye.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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