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Jorge Visintín: “Mi alegría más grande es trabajar”

Por: Adriana Felici (Periodista, directora sección En Familia)

Jorge Visintin (70, 4 hijos y 6 nietos), casado con Griselda Rossi hace 47 años, durante 29 fue jefe comunal de Colonia Vicente Agüero (San Durí para los tradicionalistas). Nunca cobró sueldo. ¿Por qué? “Para devolverle al pueblo algo de todo lo que aprendí. Y no me arrepiento”, declara sencillamente. 
¿Cómo es este hombre que prefiere definirse como productor, y al que 7 décadas parecen no hacerle mella? Hace caminatas y gimnasia -“Tengo la suerte que no me duele nada”, dice, y diariamente se afana impermeabilizando el canal que pasa por su terreno. “Todos los dias pongo unos ladrillos… Empecé este año; iba a hacer 20 ó 30 metros y ya voy por 60. Para hacer algo, grande o chico, tenés que empezar. Y ponerte un objetivo. Si hoy ponés 5 ladrillos, mañana estarán puestos; ponés otros 5 y ya son 10… Lo mismo para hacer una casa… No hay que esperar todo del cielo…”.  Es su filosofía de vida: “Lo mismo hice con mi terreno, la casa, la viña, el durazno… No sé si es una forma antigua de pensar pero creo que sigue siendo válida”.

Infancia
Nació en San Durí, pero como en 1952 la sequía y un parásito se confabularon para devastar el viñedo, los Visintín “emigraron” a Puesto Viejo buscando alternativas. Jorge hizo su primaria allá y recuerda así esos 7 años: “Buscando salir de la crisis mi padre y mis tíos pusieron una fábrica de embutidos, una cortada de ladrillos, un tío trabajaba en carpintería… Yo iba a pie hasta el 15 para la doctrina (catecismo) porque mi padre no tenía más que una bicicleta. Llevaba a mi madre al médico sentada en el caño… Y cuando tenía la fábrica de embutidos yo iba con él hasta el 15, a las seis de la mañana, me daba la carne, se iba a trabajar, me la traía caminando y después iba a la escuela también a pie. Esos siete años –prosigue- me la pasé apilando ladrillos después de la escuela. Y a la noche hacía los deberes”. Sus tíos decían que querían irse a probar suerte a otro lado. “Pero mi padre les decía que era mejor esforzarse por algo propio. A pesar de que era muy rígido –no era un padre para jugar- nos enseñó a trabajar de excelencia: cuesta lo mismo hacerlo bien que mal, decía. Era –puntualiza- un león de trabajo. Nunca lo abandoné porque vi el sacrificio que hicieron para mantenernos… Ellos nunca lo disfrutaron; lo único que hicieron fue trabajar”.

La gran amenaza
“La piedra tuvo mal a los nonos y a nosotros. En el 70 había planificado tener todo plantado de fruta: viña, duraznos, membrillos, higueras… pero en el 76 queda todo trunco porque una pedrada cambia la historia de la Colonia. Con el INTA –acota- habíamos traído 25 variedades de duraznos para experimentar. Llevaba un registro; un trabajo de hormiga que quedó trunco por la pedrada. Cuando cae la piedra papá me dio libertad de irme. Me habían ofrecido alternativas, pero no quise dejarlo solo. Volvimos a poner una cortada de ladrillos y a hacer embutidos… como les había ocurrido a ellos en el ’52…”. 
Esfuerzo mediante nuevamente salieron adelante. “Mi padre y mis tíos pudieron comprar más tierras… Ese fue mi objetivo desde chico… quería trabajar mi tierra…”. Agrega que su padre fue una excepción en la zona: “Me dio la libertad de salir a aprender… Anduve en comisiones, hice cursos, estuve en el INTA… así que traía algunas ideas de avanzada”, dice, reconociendo ser un poco “bicho raro”. “Siento que siempre estoy 10 años adelante…”.

El hoy
Los Visintín son una familia tradicional: hacen embutidos, salsas, dulces… “Tengo la suerte de que mi compañera también trabajó en el campo y le transmitieron que hay que aprovechar lo que hay y guardar para todo el año. Y nosotros se lo transmitimos a los hijos y los nietos: trabajamos un día y hacemos los duraznos o el tomate para todo el año”.
Sus 4 hijos viven a metros de su casa; algo que también define como “suerte”. Los varones continúan la labor agrícola. “Ellos son los que me permiten elegir si quiero trabajar”. Pero Jorge no se queda quieto; siempre está haciendo cosas o armando proyectos: llevar desde hace años un registro minucioso de lluvias, sequías, piedra…  desear cambiar la traza del riego… “Podría alquilar el campo y no trabajar más… pero no soy para eso.  Al contrario: tengo ganas de hacer cosas nuevas. Todos me dicen: dejá de joder… Pero para mí la alegría más grande es trabajar en lo que me gusta…”.   
Sus padres no disfrutaron de la siembra de toda una vida. ¿Y él? “Hasta ahora no –sonríe-. En 70 años he hecho cinco viajes. Estoy muy contento de estar donde estoy. Cuando fui a Italia me la pasé visitando productores, viendo cómo trabajan, aprendiendo. Y si volviera sería exclusivamente a eso. Mi deseo es transmitir lo que hice en la vida. ¿Por qué me lo voy a guardar si le puede servir a alguien?”.
Asegura que cuando va al campo se siente “nacer de nuevo”. “Sacamos la viña porque la piedra la había podrido… pero hoy me gustaría tener una o dos hectáreas de uva. Para mí eso es vivir. Hay momentos que te va a ir mal, pero lo único que te va a sacar es la constancia”.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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