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Cuando no se puede disfrutar de los logros




Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

Hacer un viaje, recibirnos, cambiar de auto, obtener un ascenso laboral, son algunas de las metas que solemos fijarnos para algún momento de nuestra vida. Pero a veces ocurre que después de concretarlas surge la imposibilidad de disfrutarlas. ¿Será auto-exigencia? ¿O ciertos mandatos sociales nos “obligan” a estar siempre deseando más? “Quizá se trate de una combinación. Vivimos en un mundo que nos impulsa a que cada logro sea el acicate para un nuevo logro: Ahora que conseguí esto, voy a ir en busca de aquello otro. La cultura de lo descartable hace que alcanzar un objetivo exija inmediato reemplazo”, considera la psicóloga María Sol Altamira (MP 3151) de Nuevos Tiempos. “Ocurre –agrega- con las cosas materiales (la computadora o teléfono que pasan a ser vetustos con una rapidez alarmante) y con logros más inmateriales: Ya formé una familia, así que ahora voy por el ascenso laboral… por ese viaje soñado… por una casa más grande… por un mejor auto…. Y no es que no esté bien proponerse mejorar el problema surge cuando por apuntarle al nuevo logro no disfrutamos del obtenido”.

Sensación de fracaso
También puede ocurrir que luego de alcanzada una meta largamente deseada, no sólo no podamos disfrutarlo sino que tengamos una suerte de sensación de fracaso. “Puede ocurrir porque esas metas no respondían genuinamente a nuestros deseos sino a los de otra persona o fueron auto-impuestas desde el mandato social”, dice Altamira. 
  Disfrutar es la capacidad de sentir emociones positivas –alegría, paz, plenitud, relajación-  en el momento presente. Y ahí está el meollo: ¿cuántas veces por día, por semana, por mes, estamos en el momento presente? ¿Cuántas veces estamos atentos a lo que está sucediendo (o estamos haciendo) “aquí y ahora”, sin pensar en lo que hicimos ayer o en lo que vamos a hacer dentro de un rato?
“Si bien el disfrute es algo tan subjetivo como cultural, que depende muchísimo de la propia historia familiar, y en menor medida de la situación económica, quizá la clave esté en la incapacidad de vivir el presente. La mente ocupada en mirar hacia atrás no permite disfrutar porque siempre encontraremos algún error cometido, y puesta en el futuro inevitablemente nos hará caer en la trampa de buscar siempre metas más altas que eclipsarán lo bueno que tenemos hoy”, apunta la psicóloga. 

El éxito
La sociedad pide eficiencia, rapidez, éxito. Se valora la inmediatez sobre la calidad. “Esta influencia estimula a buscar objetivos más y más altos; más y más inalcanzables; más y más frustrantes. La clave está entonces en aprender a vincularnos con nosotros mismos; a prestar más atención a lo que estamos haciendo; a lo que estamos sintiendo; a lo que expresa nuestro cuerpo. Se trata de registrar el momento presente. Y también –puntualiza Altamira - de definir qué es el éxito para nosotros. ¿Tener más bienes materiales? ¿Más prestigio? ¿O ser felices con lo que tenemos hoy? Esa es la gran pregunta. Quizá oriente reflexionar acerca del éxito desde la vivencia de plenitud, más allá de registrarlo según lo que ‘me propuse y tengo’; vivenciarlo desde la postura interna del ‘me propuse superarme, aprender, conocerme (puede ser a través de un sinnúmero de situaciones cotidianas) y lo he logrado’. Entonces la vivencia no será la del tener y el temor de perderlo o no poder sostenerlo; será la vivencia de la plenitud de haber logrado ese desafío enriquecedor”.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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