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Patricia Yamati y Eduardo Stagnaro: “Aprendimos a tomarnos las cosas con humor”

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

Lejos del golpe bajo, hoy queremos mostrar que, sin importar el tamaño del revés, siempre se puede seguir adelante. Y hay actitudes que vale la pena plasmar.
Muchos conocen la situación que viven desde hace 27 años Patricia Yamati (57) y Eduardo Carlos Stagnaro (61), padres de 4 hijos varones. Francisco (Franchu) -entonces, su hijo menor- tuvo un accidente en una piscina cuando tenía un año y ocho meses y quedó con secuelas que lo confinaron a una silla de ruedas y a sólo comunicarse con la mirada y grititos.
Pero a Pato y a Edu también se los conoce por su sentido del humor. Basta charlar un rato con ellos para comprobar que intentan mirar la vida con una sonrisa, a pesar de que -de a ratos- esa misma vida duela.
¿Siempre fueron así? 
Edu: Ante estas situaciones podés optar por deprimirte con humor o deprimirte con amargura. Y como deprimiéndote con amargura no solucionás nada, reíte un poco. Creo que fue la única manera de sobrevivir.
Pato: Aprendimos a tomar las cosas con humor. No sabés lo que nos decía la gente cuando lo veían al Franchu… Pero después esas mismas cosas nos sirvieron para matarnos de risa… Nos decían: “Uy, cómo te quedó”, “Cómo te descuidaste”. Al principio pegaba mal, pero ahora nosotros también decimos “Uy, cómo nos quedó”.
¿Esos comentarios surgirán porque no sabemos manejarnos con la discapacidad?
Edu: Supongo que sí… Yo lo traigo al negocio y algunos me preguntan si entiende. Ahí, sí que me caliento. La gente no lo mira como a un ser humano. Pero es cierto que no sabemos manejarnos con la discapacidad. Antes del accidente a nosotros nos pasaba lo mismo. Es una cuestión cultural.
Pato: Hay gente que lo ignora, y yo les digo: Acá está Franchu. Nosotros lo hemos incluido.
¿La gente entiende que lo tomen con humor?
Pato: Depende. Capaz que nuestra ironía o sarcasmo molesten. Una vez dije: “Mi hijo es el discapacitado más bello”, y alguien se ofendió. Cada uno lo maneja como puede.

Incentivarlo
Reconocen que siempre lo estimularon: Franchu fue al colegio hasta los 16 años, ve televisión y participa del ritmo familiar.
Pato: “Estuvo tres meses en coma con los ojos abiertos. Un día despertó y se conectó con la mirada y grititos. Mi mamá vino corriendo a decirnos que había sonreído. No lo podíamos creer… Antes del accidente Franchu hablaba, corría… y después fue como que había que enterrar a ese Franchu y recibir al nuevo. Y tiene memoria: mi mamá guardaba caramelos en un placard para darle a los chicos, y un día, pasando cerca de ese placard, Franchu empezó a gritar… Cuando le hablo en árabe mira al cielo porque se acuerda de mi papá (fallecido). Tenemos fotos por todos lados porque él se maneja con fotos… Ahora que está de visita Agustín (el hijo mayor, viajero por el mundo), si vas a casa Franchu va a mirar su foto mostrándote que vino. Todavía nos sorprendemos de cómo se comunica.
¿Quién es más “frío” para tomar decisiones?
Pato: Eduardo. Él Agustín, César y Eduardito (sus otros hijos) reaccionan, y yo me voy a llorar a un rincón. Por ejemplo, se nos vivía tapando la sonda por la que se alimentaba, y un día Eduardo dijo: “Al diablo con la sonda”. ¡Y se la sacó! Y nos inventamos otra forma de alimentarlo.

Los Stagnaro
Franchu participa en carreras (en su silla de ruedas) con su hermano César, gran maratonista.
¿Cómo se lo tomaron al principio? 
Pato: Nos pusimos locos. Te da mucho miedo. Todavía me da. Pero si se tiene que ir mi Franchu que se vaya en una maratón porque él es feliz. Ve una carrera en la tele y empieza a los gritos.
¿Cómo afectó el accidente a sus hermanos mayores? 
Edu: Al principio fue duro… Volvimos de la clínica con otro Franchu (Agustín y César tenían 6 y 4 años respectivamente), pero después entendieron que Franchu es 24 horas. ¿Si se pueden haber sentido desplazados? Nosotros tratamos que no, pero es inevitable. Uno siempre tira para el más débil.
Patricia quedó nuevamente embarazada a los 39 años. Y llego Eduardito: la nueva esperanza.
Pato: Con él volvió la alegría… Franchu era su hermano mayor y lo cuidaba… Yo le pedía que me avisara si hacía alguna macana… y él con sus grititos me avisaba.
¿Qué consejos darían a otros en una situación similar? 
Edu: Ninguno. No le diríamos nada”.
Pato: Tampoco juzgaría si hay madres que no los pueden atender. Hay que tener muchos huevos para hacer esto. Me gustaría ayudar en lo práctico: dónde conseguir una silla de ruedas, las mutuales, pero en lo emocional es otra cosa.
¿Sienten que les tienen lástima?
Pato: Sí, claro. Algunos te tienen lástima. Pero otros se ponen en tus zapatos.
Edu: Hoy veo a alguien con un chico discapacitado y siento pena porque sé lo que están pasando.
Franchu bebe con una jeringa y come todo cortado chiquito. Los médicos le quisieron poner el botón gástrico, pero ellos no aceptaron.
Ambos: “Trataríamos de no hacerlo porque el Franchu entiende todo y queremos mantenerle la dignidad lo más posible.
Admiten estar enojados.
Edu: Tuve que hacer un tratamiento para la ira.
Hacia el final de la entrevista, Eduardo se aleja y Patricia me dice: “Este hombre dejó su vida. A él le da lo mismo salir o no salir… Yo me animo a salir más porque sé que él lo cuida. Somos un equipo”.
¿Cuál es el pronóstico? 
Pato: No lo hay. Tengo pánico. miedo al mañana. Demasiado lejos hemos llegado. Por eso, después de los mil consejos que recibimos, terminamos haciendo lo que nos dijo un neurólogo argentino que vive en México: Darle rehabilitación, alimentación y mucho amor. Por eso, siempre tratamos de hacer cosas que lo hagan feliz. 
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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