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¿Eres de los que niegan el cambio climático?

Cuando me encuentro a personas que niegan el cambio climático surge en mí una extraña sensación de desasosiego y de frustración que suele acabar cuando visualizo todo lo que estamos haciendo (y lo mucho que nos queda hacer) para enmendar este gran problema al que nos enfrentamos. ¡No hay tiempo que perder, ni tiempo para el desánimo!

Fuente: Ricardo Estévez (Fundador de Ecointeligencia)

Son muchos los que han negado los efectos del calentamiento global más tiempo del que les gustaría reconocer. Son conscientes de que pasa algo, pero piensan que alguien les solucionará la cuestión.
No hace falta ir por ahí esgrimiendo argumentos de Perogrullo, como es el caso de Trump y otros mandatarios más cercanos a nosotros, para negar las consecuencias que estamos empezando a sufrir y que somos parte de las causas que las originan.
Quizás muchos no tengan más que una idea aproximada y poco formada fruto de prestar poca atención a las noticias que nos llegan. Es frecuente concluir que los argumentos científicos son demasiado complejos y que los ecologistas se dedican a exagerarlos con alguna oscura intención.
Practicar esta negación nos lleva a mirar a otro lado y a ridiculizar titulares, que dicho sea de paso en ocasiones pecan de apocalípticos.
Aun fijándonos en la información que nos llega, solemos consolarnos confiando en las capacidades del ser humano para afrontar el problema y sus consecuencias. Siempre surgirán inventos y avances tecnológicos que borren de la faz de la Tierra las emisiones antropogénicas de CO2 y enmienden las consecuencias del aumento de las temperaturas.
Tampoco faltan los pragmáticos que apuestan por el desarrollo económico a toda costa, para invertir la riqueza generada como mejor manera para hacer frente a los desastres medioambientales y sociales de la falta de sostenibilidad de nuestro estilo de vida. Quizás estas personas no reparan en que de nada sirve el dinero ante desagracias como las que estamos viviendo: efectos de los huracanes, inundaciones, incendios y sequías.
¿Te imaginas el escenario de tener que elegir entre utilizar el agua para beber o para apagar un incendio?
Otra forma de no afrontar en el problema es justificarnos diciendo que nosotros no podemos hacer nada. Minimizamos nuestras capacidades como individuos para dejar el problema, de nuevo, en manos de otros, normalmente organismos públicos o colectivos impersonales a los que culpar, directa o indirectamente, cuando las cosas salgan mal.
Un paso más en esta dinámica es modificar alguno de nuestros comportamientos para calmar nuestras conciencias. Por ejemplo, nos compramos un vehículo híbrido, escogemos algunos alimentos ecológicos y reciclamos parte de la basura de nuestros hogares. Caemos en el lavado verde (greenwashing) de algunas marcas, pero eso nos hace más felices, porque nos hace sentir que somos parte de la solución.
Además de esos pequeños pasos, los problemas asociados a la sostenibilidad de nuestro estilo de vida necesitan un decidido compromiso por parte de todos. Es cierto que es difícil estar pensando todo el rato en el cambio climático, ya que es probable que en ese caso nos invadiera una tremenda amargura que nos impediría actuar ante esta crisis.
Y el compromiso, ya lo hemos comentado en muchas ocasiones, pasa por cambiar nuestro estilo de vida, porque existen más que evidencias de que está devorando nuestro Planeta.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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