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El desafío de jubilarse: una etapa de profunda transición

Algunos lo esperan ansiosamente. Otros se deprimen y no saben qué hacer con sus vidas. Jubilarse, ¿es un final o un nuevo comienzo?

Por: Adriana Felici (Periodista - directora sección En Familia)

La palabra jubilación proviene del término latino "iubilare" que significa “gritar de alegría”. Sin embargo, no todos gritan de alegría, quizá porque culturalmente se asocia esta etapa con la vejez o con la falta de productividad económica.
Sin duda habrá que renunciar a casi todo lo que hemos armado, especialmente en lo laboral. Es un gran desafío porque solemos construir nuestra identidad en torno a nuestro trabajo. Sería algo similar a lo que le ocurre a la mujer que construyó su vida exclusivamente en torno a sus hijos. Sin embargo, así como el “nido vacío” puede ser una nueva oportunidad, también la jubilación se puede mirar desde otros ángulos. Veamos cómo la vivieron algunas personas de la zona. 
“Jubilarme fue comenzar de nuevo; más libre, más tranquila, eligiendo cada día lo que deseo hacer. De alguna manera sigo trabajando… hago de todo, ¡hasta aprendí a cocinar...! Me gustan mucho las plantas y las actividades al aire libre. Hago caminatas diarias y me encuentro con gente que no veía hace mucho. Charlas interminables filosofando y recordando... Me encanta; será porque mis mañanas siempre tuvieron horario y lugar fijo. Y me gusta bailar: tomo clases de ritmos latinos y allí tengo nuevos amigos; miro películas hasta las mil quinientas;  leo; hago juegos de mente… o sea, renuevo y aprecio cada cambio y cada momento; disfruto mi libertad; y al cobrar mi jubilación siento que es la merecida recompensa por tantos años de esfuerzo y responsabilidad”. Nelly (63, jubilada hace 3 años).

La clave: tener sueños
La “vieja” educación reforzaba el valor del “rendimiento” para conseguir prestigio, amistades, ascenso social, logros económicos. Tal vez por eso el tiempo libre –¡de ocio!- tenga mala prensa, y algunos jubilados vean demasiadas horas “vacías” por delante. ¿Cómo superar esta sensación? Jorge (69) con casi 15 años de jubilado como profesor de educación física nos cuenta su experiencia: “Siempre fui una persona activa. Paralelo a la docencia trabajé en ventas y lo sigo haciendo. El día que me jubilé fue raro… di clase un miércoles, al día siguiente fui a Córdoba a ver cómo estaba mi trámite de la jubilación, y me doy con la sorpresa de que ya estaba lista. Me puse recontento, pero como no esperaba que me saliera tan rápido, también me sentí un poco frustrado porque no volví a dar ninguna clase.
Me quedé con ganas de dar una más… -dice, y ríe recordando que siguió yendo a la escuela todos los días a tomar el té con sus compañeras-. Después lo fui espaciando, hasta que no fui más, y ahora estoy muy contento porque aunque fui muy feliz en la escuela, jubilarme me permitió hacer otras cosas; no cumplir horarios, no preparar clases… Así que por un lado me quedó algo de nostalgia  y por el otro fue un alivio -resume-.
Hoy, mirando hacia atrás me siento muy bien así. Mi mensaje es que uno se jubila del sistema –es sólo un trámite- pero la vida continúa;  la vida activa debe continuar. Uno puede aprovechar para hacer cosas que no pudo hacer; proyectos que había postergado… artesanías, escribir, tener más actividad social, participar de alguna asociación… Lo importante es tener siempre sueños, y todos los días levantarse con ganas de hacer cosas. Uno se mantiene joven mientras tenga sueños”.

Prepararse
“No veía la hora de no tener más obligación de madrugar ni cumplir horarios, y ahora me paso el día de acá para allá sin hacer nada concreto; no sé qué hacer con mi vida” (Juan, 66, jubilado hace 6 meses).
“Pensé que iba a ser peor. Me asustaba convertirme en una jubilada por todo eso de la vejez; por el sentirme inútil, pero después de unos pocos meses de adaptación, encontré un montón de cosas para hacer… actividades que tenía pendientes desde siempre por falta de tiempo” (Rosa, 62, jubilada hace 2 años).
Dos caras de una misma moneda: podemos ver la jubilación como final o como principio. Para que el momento “tan temido” no caiga como balde de agua fría, es recomendable prepararse; no esperar a que llegue para afrontarlo. Como dice Jorge, todos tenemos sueños y proyectos pendientes. Sólo hay que reflotarlos; buscando dentro nuestro “asignaturas pendientes”, y proyectando hacia ese futuro que empieza a asomar.
Una consulta terapéutica, grupos de reflexión, conversar con amigos ya jubilados pueden ser pasos que conduzcan a un nuevo proyecto de vida. Porque con la jubilación una nueva vida comienza. Quizá el mayor desafío radique precisamente en afrontar nuevos desafíos.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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