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Sin la mirada

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, psicólogo Social).

En el final del taller, “las Malas Palabras” con adolescentes, uno de ellos preguntó:
- ¿Cómo era la escuela en su época, iban los amigos al mismo colegio?
Le respondí con otra pregunta:
- ¿Qué es lo que quisiera saber de aquello?
Su respuesta:
- “Es que ahora uno viaja hacia un colegio, otro a otro, y nos sentimos “extranjeros” todos…Estamos y no estamos en las escuela y somos como paseantes, son contactos nada más…
No es una simple ocurrencia la inquietud de ese joven. La velocidad, la cantidad de información, la facilidad  que da la movilidad actual, el acercamiento de las distancias (en un sentido virtual) han creado la No Mirada en las generaciones jóvenes.
Ausentes y distantes las miradas paternas y fraternas y el “todo está hecho”, según sus propias percepciones, nadan en un océano de incertidumbres.
Sin saberlo sienten la existencia como en el tango Cambalache; “…Todo es igual nada es mejor…”.
Habrá que volver a repensar la expresión de Eva Perón: “El amor alarga la mirada de la inteligencia”.
Es en lo simple- cotidiano, donde se construye ese Amor, que no se limita sólo a un enunciado de deseos por el otro en esa liturgia de la conquista amorosa, sino en el hacer constructivista desde las emociones que van edificando lo personal dentro de lo social-cultural.
No hay encuentros porque no hay espacios físicos, ni geográficos que estén al alcance sino  es a través del consumo de tarjetas de créditos y entidades privadas que ofrecen todo tipo de divertimento. Desaparecen espacios públicos gratuitos, de camaradería, donde los niños y jóvenes pueden encontrarse.
 Falta el juego con el otro, me divierto con el otro, y así lo miro y me mira y acontece el encuentro. La identidad mía en él y  él en mí.
No hay plazas, como lo solicita la Unesco cada cinco cuadras en una ciudad, porque todo es vendible y todo termina siendo un gran mercado de sueños que se desvanecen en una virtualidad que hace desaparecer identidades.
El adolescente citado, reclamaba más el contacto, la cercanía, la cotidianeidad con sus amigos, porque eso también  nos nutre, nos cuida y nos enseña  en nuestros primeros pasos de sociabilidad.
Debemos pensarnos seriamente en nosotros  y en lo social. Debe haber en los pliegues del pensamiento humano algo que vaya superando esta etapa histórica del capitalismo.
No sé qué nombre tendrán en el futuro las relaciones de producción; pero este presente de indiferencia, de distancias abismales a pesar de la tecnología comunicativa actual, vuelve más violento al ser humano.
Y  todo gira, sin darse cuenta, en la estupidez humana, que como lo dijo A. Einstein, ella (la estupidez) es lo más infinito que hay en el universo, aún más que éste.
Termino con lo que cantaban Los Beatles, quizás sea banal pero me gusta: “Todo lo que el mundo necesita es Amor”. Amor a la vida. Cursi quizás, pero no hay alternativa.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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